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06/01/2009

Manolo Valdés en la Galería Freites

14/04/2008

Manolo Valdez ha explorado la reinterpretación de Velazques en su obra escultórica


Manolo Valdés se encuentra en una especie de encrucijada, entre la historia del arte español contemporáneo y la historia del Modernismo y Post Modernismo. Equipo Crónica, la aventura en colaboración a la que dedicó los comienzos de su carrera, hasta la muerte de su socio Rafael Solbes en 1981, simboliza la revolución repentina contra el pasado que tuvo lugar en España alrededor de una década antes de la muerte del Generalísimo Francisco Franco en 1975. Solbes y Valdés tomaron prestadas imágenes del pasado, especialmente del Siglo de Oro de la pintura española, pero lo hicieron de tal manera que el espectador se daba siempre cuenta de que esas imágenes se percibían con ojos contemporáneos y habían sido filtradas a través de la sensibilidad moderna. Los íconos de la cultura española se vieron expuestos el desafío de la percepción del artista de las técnicas gráficas arraigadas en el consumismo del siglo XX.

En su obra como parte de Equipo Crónica el acento estaba en la imagen, no en la identidad física del trabajo – su textura, aquello de que parecía estar hecho, su esencia corporal. En este sentido ofrecía un contraste con la otra tradición del desarrollo del Modernismo en España, representada típicamente por el trabajo de Antoni Tapies. Se había considerado a Tapies durante largo tiempo el abanderado de la oposición cultural a Franco, hasta el arribo de la nueva generación de artistas, quizás más abiertamente cínica de lo que Tapies era acerca de la hipocresía represiva del régimen de Franco.

Desde que se convirtió en un solista, en vez de integrante de un dúo, Valdés había asumido la tarea de reconciliar estos dos puntos de vista tan opuestos. Seguía estando muy interesado en el poder de la imagen, la cual consideraba no sólo como algo por sí misma, como una representación de algo, sino también como un catalizador cultural. Estaba al mismo tiempo fascinado con el poder que tenía la superficie pintada para afectar nuestras emociones directamente, sin casi referencia a lo que representaba.

Las imágenes de esta exposición caen dentro de categorías que existían mucho antes de surgir el Modernismo y el Post Modernismo – animales, desnudos, flores, retratos, naturaleza muerta. En ciertas ocasiones nos damos cuenta de la presencia de otro artista – digamos Picaso o Matise o incluso, en uno de sus trabajo, de un retratista del Renacimiento del siglo XV. En otras ocasiones las referencias no son fáciles de localizar.

Valdés posee una amplia perspectiva cultural. Observa los retratos del Renacimiento y observa también las trivialidades de la cultura del consumismo contemporáneo – hay pinturas en las que aparecen barquillas de helado. Lo que todas sus pinturas tienen en común es el color resonante y la textura suntuosa – esta última lograda mediante el uso de todo tipo de técnicas poco ortodoxas, siendo la principal entre ellas el collage.

Cuando nos detenemos frente a estas pinturas sentimos que estamos presenciando un acto de transformación mágica – la “donnée” original sigue allí, pero ha sido transpuesta a una realidad diferente, a una condición diferente de existir. Es esto algo que, lamentablemente, se torna cada vez más raro en el mundo del arte – los artistas están perdiendo el poder de transformar la realidad, que es algo muy diferente a la mera reproducción de las apariencias. Esencialmente, un buen artista figurativo nos invita, no simplemente a contemplar un reflejo de la realidad, sino a atravesar el espejo y entrar a una dimensión diferente.

En este video pueden apreciarse algunas de las obras expuestas
en la Galería Freites en las calles de Bilbao en gran formato

Es éste el motivo por el que artistas como Velásquez y Rembrandt han conservado su poder – cuando observamos un lienzo de uno de ellos lo que vemos al lanzar la primera ojeada es un caos aparente de trazos, que se convierte rápidamente en una imagen poderosa. Valdés está claramente fascinado por este proceso de transformación. También está consciente de que el desarrollo de la abstracción moderna y de los medios visuales contemporáneos en general, ha acostumbrado a la gente a maneras más radicales de percibir e interpretar las imágenes. Todos somos en la actualidad, en cierta medida, visualmente atléticos. Sus pinturas nos desafían a que nos encontremos con él a mitad de camino – a unirnos a él en una aventura visual.

Su uso de la paráfrasis reviste especial interés cuando la consideramos en este contexto. Los historiadores del arte contemporáneo usan con frecuencia pura palabrería sobre ‘apropiación’ – vocablo que se ha convertido en uno de los mantras del criticismo del Post Modernismo. Con demasiada frecuencia significa que se ofrece al espectador únicamente una borrosa copia en carbón de una imagen que fue una vez vital e interesante.

El proceso de tomar prestado es, sin embargo, tan viejo como el tiempo. El Dejeuner sur l’herbe de Manet está basado en un grabado de Marcantonio Raimondi, proveniente de una composición de Rafael. El Bacchino Malato de Caravaggio, en la actualidad en la Galería Borghese en Roma, resulta que se hizo a imagen y semejanza de un grabado de Durero. Este préstamo es aún más atrevido y, también más blasfemo, porque el Bacchino era tanto la imagen de un dios pagano como un autorretrato del joven artista. Este tipo de complicadas resonancias culturales es precisamente lo que Valdés desea evocar.

Valdés usa en sus esculturas procedimientos similares. La serie Cabezas está obviamente relacionada con las tres Damas de Barajas gigantes que creó Valdés en 2003 para el aeropuerto de Barajas en Madrid. Estas elegantes damas tienen distinguidas antepasadas. Puede relacionárselas con Mlle. Pojany de Brancusi y también con Kiki de Montparnasse de Pablo Gargallo y sus máscaras de Greta Garbo. Con frecuencia los escultores modernistas se han adaptado hábilmente a los caprichos de la moda, siendo éste el caso de Valdés, quien entiende el impulso que sienten las mujeres de moda, de todas las épocas, de aspirar a convertirse en ídolos – la manera en que usan la ropa y los adornos para trascender lo cotidiano y lo mundano. Los sombreros y peinados fantásticos con que viste a estas mujeres aluden también, más de pasada, a las diosas pintadas por Cranach, que esperan el juicio del joven mortal Paris vistiendo meramente sus sombreros de plumas.

Las dos imágenes de tamaño completo de la Reina Mariana, inspiradas por Velázquez, llevan el ideal del ídolo aún más lejos. La ropa que Velázquez representó en dos dimensiones, usando multitud de pinceladas oscilantes, se convierte, al reproducirla en formato tridimensional, en un caparazón inflexible. La reina es su vestido – sus rasgos quedan desdibujados. Naturalmente, a pesar de ello reconocemos de inmediato quién y qué es. Estas figuras son poderosas, simplemente como formas, pero son también vehículos para comentarios culturales e históricos.

Al igual que sus pinturas, las esculturas de Valdés ocupan una situación clave en la historia del arte de nuestros días. Para simplificar las cosas – quizás, de hecho, para sobre-simplificarlas – ha habido una lucha continua entre la forma y la narrativa. Los primeros modernistas eran esencialmente formalistas y el arte del pasado lo reinterpretaron estudiosos como Bernard Berenson para conformarlo a estos nuevos valores. Hablando sobre la Madona del Renacimiento, Berenson quería dirigir la atención del espectador, no al mito cristiano y al lugar que en él ocupa la Virgen, sino a la entrega real en forma táctil. Artistas que se consideran de “avant-garde”, se han ido alejando, a través de etapas graduales, de esta posición y regresado a las narrativas sociales y políticas que interesaban a los victorianos. Los medios físicos son con frecuencia muy diferentes a los usados por los artistas a fines del siglo XIX, pero las pre-ocupaciones que yacen en el fundamento del trabajo no lo son.

Valdés, al igual que los artistas españoles de su generación, es producto de una época de gran agitación política. Al mismo tiempo, sin embargo, ha seguido teniendo vivamente presente y se ha adaptado rigurosamente a los valores fundamentales de la cultura española. En su obra estos valores se filtran través de una sensibilidad post modernista excepcionalmente original.

Autor: Edward Lucie-Smith, Julio 2007

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