Colegio de Arquitectos de Venezuela
Reurbanización El Silencio. Arquitecto Carlos Raúl Villanueva.
Foto: Caracas en retrospectiva

Cuando "sobran" las luces y tampoco se quiere ver

¿En qué medida lo que estamos construyendo contribuye a hacer mejor ciudad?
Es la pregunta clave que se hace el profesor Juan Pedro Posani en su artículo "Cuando escasean las luces y no se quiere ver" publicado en el blog musarq.blogspot el 4 de Diciembre de 2012.

Allí plantea la necesidad de emitir juicios razonados, fundamentados y coherentes sobre el impacto constructivo y político llevado a cabo por el programa gubernamental Gran misión Vivienda Venezuela en numerosas ciudades del país.

He tomado en serio esta invitación para la reflexión y expongo ahora mi posición crítica que, advierto desde un principio, no proviene de "la cómoda distancia de un enclave privilegiado" o de "la ceguera clasista e ignorancia presuntuosa de algunos intelectuales" como denuncia el profesor Posani, sino que más bien proviene de un joven arquitecto venezolano, apasionado de esta disciplina, egresado de la universidad central en 2006 y residente en la parroquia El Valle, que desde el año 2010 hasta el 2013 participó en el desarrollo de proyectos y en la supervisión de obras de varias edificaciones incluidas en esta misión, ejecutadas por instituciones como la alcaldía del municipio libertador, el ministerio de vivienda y hábitat y el gobierno del distrito capital.

Sinceramente nunca he dejado de valorar en su justa medida la oportunidad que tuve todo este tiempo de intervenir, no sin mucho esfuerzo, en un hecho tan complejo como es la problemática de la vivienda en nuestro país. Pero es este el momento de manifestar mi tránsito de un inicial entusiasmo a una profunda decepción.

Decepción por el desempeño de muchos arquitectos venezolanos durante todos estos últimos años. Años convulsos pero indudablemente claves en la historia de nuestro país. Decepción fundamentalmente dirigida al puñado de arquitectos jefes responsables de este programa en cada una de esas instituciones. Es difícil describir mi tristeza e impotencia al ver de primera mano cómo se desperdició una oportunidad irrepetible para demostrar la redención urbana que es capaz de generar la buena arquitectura.

Es absolutamente comprensible, aunque para nada digna de orgullo, la ansiedad de los gobernantes de turno por mostrar resultados lo más espectaculares y a corto plazo posible; la desesperada búsqueda de rentabilidad económica a costa de la calidad de la obra; el bajo rendimiento del personal obrero, producto de su pésima capacitación técnica o hasta el comportamiento anárquico de los refugiados a los cuales se les destinaba la vivienda, sobrevivientes dentro de la descomposición social de un país. Pero lo que es totalmente vergonzoso y despreciable, es la actitud de prácticamente la totalidad de los arquitectos directamente responsables del programa Gran Misión Vivienda. Como nunca antes, arquitectos venezolanos accedieron a niveles de poder absolutamente estratégicos y a presupuestos extraordinariamente colosales.

Hablo de personajes como Francisco Sesto, Lucas Pou, Paola Posani, Nelson Rodríguez o Hector Rangel, por nombrar solo a los más visibles, aunque muchos otros se escuden tras un bajo perfil. Todos arquitectos egresados de universidades venezolanas, incluso pertenecientes al personal docente y de alto escalafón de la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva de la Universidad Central de Venezuela, para mayor pesar. A mi modo de ver han desatendido completamente las lecciones del maestro en cuyo honor se le colocó su nombre a nuestra escuela.

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