Colegio de Arquitectos de Venezuela

El error parisino de Jean Nouvel

Jean Nouvel (1945, Premio Pritzker 2008) es una estrella de la arquitectura francesa. Talentoso, hábil, teatral, pretencioso en el sentido criollo y muy al día en el sentido francés: hace y dice lo último. Es un estandarte del orgullo galo en épocas de opulencia y globalización. Desde el 2000 para acá, su oficina ha hecho 77 grandes proyectos y construido 17, una concentración de trabajo imposible de controlar si no se crean rutinas y hábitos reproducibles...

...ajenos a la reflexión cuidadosa y meditada del "firmante". Una prueba de que hoy se remunera la notoriedad por encima de la calidad o la pertinencia cultural.

Cuando visité hace unos años su Instituto del Mundo Árabe (1987) pensé que era una celebración de acero inoxidable y gadgets hightech, análogo a un remolque de los que despliegan techos extensibles, escaleras, artefactos de exposición; y al enchufarse en algún lugar cercano se llevan toda la energía. No parece estar enchufado a París, pero sí a cierto ego colectivo francés. Sus otras obras no han logrado borrar en mí esa impresión de arrogancia mezclada con un kitsch "à la mode" que dan sus edificios.

Y si quedaran dudas sobre lo que digo basta entrar a su Museo de las Artes Primeras construido hace poco en el Quai Branly de París a dos cuadras de la Torre Eiffel, último gesto hacia la ciudad de Jacques Chirac e institución heredera de la colección del Museo del Hombre que quedaba no muy lejos y gustaba de recomendar nuestro Picón Salas.

El parquecillo del acceso, detrás de una ante-fachada de cristal que limita con la acera, junto al paramento cubierto de verde del bloque de oficinas que llega hasta la acera, quieren ser una alegoría de lo tropical o lo exótico, entendido como profusa vegetación (¿?), idea que refuerzan serigrafías de gran tamaño de árboles y bosques, embebidas en el vidrio de seguridad de la fachada principal.

La fachada vegetal se logra mediante tejidos de poliester y riego por goteo, creando un huerto hidropónico colgante que no sé si resistirá las heladas de tiempos de invierno pero que el día de mi visita lucía rozagante. Si se trataba de crear un efecto más o menos exótico se podría decir touché, si no fuera porque, más atrás, la fachada vidriada de las serigrafías, cruzada por unos intrusivos soportes diagonales, tiene un aire de pabellón de Disneyworld inesperado para unas "Artes Primeras".

De esa fachada surgen unas cajas coloreadas que cuando se está en el interior se descubre que son para determinadas pequeñas colecciones. Con colores que están dentro de lo que los decoradores llaman una "gama", seguramente muy estudiada y justificada.

Para entrar se pasa por debajo del bloque de exposiciones, suspendido sobre columnas de acero, lográndose lo mejor del edificio que es la permeabilidad con la calle de atrás mediante espacios ajardinados que a lo mejor resisten la sombra arrojada por el edificio. La entrada a las salas es grandilocuente, como podía esperarse, y se sube a las exhibiciones mediante una sinuosa y oscura rampa que es como una "Introducción" y está pespunteada de proyecciones sobre la colección carentes de toda posibilidad de contemplación por lo artificiales y poco legibles, hechas mediante cámaras embutidas en un plafón que tapa las entrañas, recurso muy de Nouvel y muy de moda: vestir los edificios de paneles para unificar superficies.

Cortesía de TalCual Digital, Blog Caracas de Sol a Sol
Oscar Tenreiro 21/07/2008

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