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Villanueva: Ayer, hoy y siempre

Carlos Raúl Villanueva nos dejó físicamente hace ya cuarenta y un años, pero la distancia que separa a los hombres por su inexorable mortalidad se reduce al reconocer su legado. Es la obra que deja el hombre en su breve tránsito, la que hablará en su nombre; la del maestro Villanueva tiene aún mucho que decirnos.

El arquitecto insigne del siglo XX venezolano experimenta durante sus años de carrera con la evolución formal del lenguaje moderno. Aprovecha la oportunidad de construir una gran cantidad de proyectos donde puede leerse con claridad su evolución como exponente de la Modernidad.

Comienza su práctica profesional en una Venezuela rural, donde la imagen del arquitecto es ininteligible. El desarrollo de proyectos vinculados al gobierno le permite experimentar en diversas escalas. El Museo de Bellas Artes, proyectado y construido casi en simultáneo, es un claro exponente de su formación en la Escuela de Bellas Artes parisina y del academicismo arquitectónico imperante durante el siglo XIX, bajo el que se formara Villanueva. Aquí también inicia la integración de su arquitectura con el arte, que sería una constante durante su carrera.

Su entendimiento de las tendencias de entonces le hacía investigar y seguir las obras de los arquitectos modernos, en especial de Le Corbusier. En el grupo escolar “Gran Colombia” expresa muchos de estos fundamentos, pero como habitante del trópico asume las condicionantes propias y las incorpora a su diseño. Al momento de ganar el concurso para la “Reurbanización de El Silencio”, Villanueva reconoce gentilmente al trópico y en su manejo de la escala urbana nos ofrece un resultado magnifico de conjunto con integración de usos, paisajismo, vivienda y ciudad que merece ser reivindicado como una extraordinaria respuesta urbana y solución habitacional, aún no superada en el país.

La cúspide del maestro la encontramos en el complejo de la Ciudad Universitaria de Caracas, donde la fusión de los principios de la modernidad, el arte y el entendimiento del clima y la luz, se materializan en una obra distinguida con el merecido distintivo de Patrimonio Universal por la UNESCO. Villanueva reúne a muchos de los mejores artistas en un orquestado juego de espacios articulados por elementos de concreto armado, magistralmente proyectados, donde la luz protagoniza a través de tamices, vacíos y recorridos. No por nada Alexander Calder se refiere a Villanueva como “El Diablo” luego de haber configurado el Aula Magna, donde la arquitectura, el arte y la técnica crean un espacio único e irrepetible.

En su continua experimentación, Villanueva desarrolla el icónico pabellón para la representación del país durante la Expo Montreal 1967. Los tres cubos, con una denotada expresión minimalista, integrando el arte a la arquitectura, convierten a esta propuesta en otro símbolo de un momento histórico destacado para las artes y el diseño en Venezuela.
Carlos Raúl Villanueva continúa su experimentación espacial, siguiendo los principios del movimiento moderno, siendo el Museo de Soto y la tercera ampliación del Museo de Bellas Artes ejemplos de ello. La búsqueda de expresiones más sólidas del concreto y geometrías angulares marcadas, pueden verse materializadas en estas edificaciones.

La obra construida de Carlos Raúl Villanueva recoge una contundente muestra de la evolución de Venezuela durante el siglo XX, Modernidad de por medio, en un lapso de crecimiento económico y social del país petrolero. Así podemos revisar su obra, proyectada en un cercano pasado que sigue vigente en gran parte y que hoy en día debe sensibilizarnos como proyectistas, ciudadanos, habitantes del trópico luminoso.

Hemos también de rescatar las reflexiones de este gran arquitecto venezolano, para las futuras generaciones de proyectistas y diseñadores del material intangible, del espacio y lugar:

“Casi, casi me siento más satisfecho de mi obra espiritual, es decir la docente, que de la material, pues los jóvenes Arquitectos formados en el país y a quienes considero como hijos espirituales han sido casi todos mis discípulos.” (Caracas, 18-09-1964) (1)

“La Arquitectura es Acto Social por excelencia, Arte Utilitario, como proyección de la Vida Misma ligada a problemas económicos y sociales y no únicamente a normas estéticas.

Para ella, la forma no es lo más importante: su principal misión: resolver hechos humanos.

Su medio expresivo y condicional: el espacio interior, el espacio útil, fluido, usado y gozado por los hombres: es una matriz que envuelve vida. Es Arte del Espacio adentro y afuera, Arte Abstracto y no Representativo, pero con una función y esencia de lógica Cartesiana. “(Caracas, 22-12-1967) (2)

Estas reflexiones hacen de la obra integral de Villanueva; desde su ejercicio profesional, visión del arte y técnica, reconocimiento del clima y lugar, como su práctica docente; material para ser tomado en cuenta, ahora y en el futuro.

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(1) Cita CRV, tomada de “Carlos Raúl Villanueva” (2000) Paulina Villanueva, Maciá Pintó. pp 118.
(2) Cita CRV, tomada de “Carlos Raúl Villanueva” (2000) Paulina Villanueva, Maciá Pintó. pp 87.

Imágenes / Fotografías:

Los bocetos fueron tomados del libro “La Reurbanización de El Silencio, crónica” (1987) Ricardo de Sola Ricardo. La de Calder pp.88; la de RAS pp.85.
Las fotografías son de mi autoría tomadas durante el arquiMoMA UCV 2015, utilizadas para el collage web del MoMA durante esa exposición.