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Leopoldo Provenzali: “Toda Caracas es una ruina urbana”

El exsecretario de Planificación Urbana de la Alcaldía Metropolitana prefiere no hablar del pasado y enfocarse en lo que se puede hacer en el futuro para mejorar la ciudad. Aboga por la accesibilidad, movilidad inteligente y zonas de innovación. Reconoce los problemas, pero es optimista. Asegura que las crisis no son eternas.

Leopoldo Provenzali se empeña en hablar en futuro, aunque Caracas permanezca encadenada al pasado. Las ruinas de su pretendida modernidad sobrecogen. Edificios abandonados, o grandes obras de infraestructura que después de años permanecen inacabadas y con usos distintos a los que fueron concebidos hablan de la provisionalidad caraqueña, de la ciudad campamento que alguna vez aspiró a ser mucho, pero que una sucesión de crisis hace que ahora sea poco. Caracas está estancada. Muchas de sus edificaciones rondan ya -o superan- los 50 años de antigüedad. La práctica urbanística dice que corresponde renovar, pero cómo hacerlo cuándo lo urgente supera lo importante; y lo urgente es sobrevivir. No poca cosa.

Sin embargo, este arquitecto porfía en proyectar: hay que pensar la ciudad. Las crisis no son eternas. Planificar es su oficio. Pensar y hablar de Caracas su vicio. Con todo y que

él mismo admite que propuestas para la ciudad hay muchas y todas existen desde el siglo pasado

. No se ufana en la crítica, más bien se detiene en la reflexión. Propone alternativas, busca soluciones, reconoce lo poco que se ha hecho en los últimos años: obras y barbaridades.

Su nueva obsesión es cómo la innovación abre caminos para transformar la ciudad. Para explicarlo no solo se apoya en la arquitectura, también en la educación y la tecnología. "Esto es útil para los países rezagados que buscan cómo entrar al siglo XXI y en eso Venezuela no solo está rezagada, ha retrocedido y ese es el gran desafío: superar el gap del tiempo perdido".

–¿Cómo desde la arquitectura puede mejorar la calidad de vida si la gente solo está pendiente de buscar comida?

–Estasituación política, social en la cual estamos entrampados nos reduce a una condición de sobrevivencia. No es una cuestión exclusiva de los sectores humildes, así estamos todos, y eso nos lleva a unas condiciones de humillación y de indignidad. ¿Cómo abordar eso? A través de la movilidad y accesibilidad inteligente; del desarrollo inteligente, hay que pensar cómo utilizar los recursos que la tecnología y la educación nos brindan para transformar el modo de vida de los habitantes de la ciudad. ¿Hay que esperar que construyan nuevas escuelas o transformamos completamente el sistema educativo y vamos a uno muchísimo más avanzados desde el punto de vista del enfoque pedagógico? Eso garantizaría el acceso y además les enseñaría qué es lo que tienen que hacer para vivir bien, como se debe. La educación y la tecnología son el binomio para enfrentar el drama. La accesibilidad y movilidad inteligente tiene muchísimo que ver con el acceso a los servicios de salud, de educación, culturales, financieros. Todos los servicios que tienen que estar al alcance del ciudadano

–Pero en Caracas, por mencionar un ejemplo, el transporte público, sea el Metro o las camioneticas, no son una conexión, son una barrera.

–En el este de Caracas los índices de uso de automóvil son 10 veces más altos, que el porcentaje de uso del automóvil en el oeste. Eso trae congestión, caos humano, porque efectivamente hay una necesidad de transporte. A mí me preocupa muchísimo cada vez que el Metro se para. Los ríos de gente caminando en la avenida Francisco de Miranda son terribles. ¿Caminan hacia dónde? No hay alternativas, cuando debería haber muchísimas. ¿Cómo es posible que el único canal exclusivo que exista sea el del Buscaracas? Debería haber canales exclusivos en toda la ciudad; porque la prioridad es el transporte masivo.

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El reto, explica el exsecretario de Planificación Urbana de la Alcaldía Metropolitana, tiene que ver con la calidad de vida, la sostenibilidad y las condiciones de vida en ciudad; en especial cuando se trata de un área con un crecimiento desigual, en el que no está claro si quiera quién es la autoridad y cómo se organizan los distintos niveles de gobierno que constituyen la escala metropolitana. La última estocada llegó el 20 de diciembre, cuando la -ilegal- Asamblea Nacional Constituyente eliminó la Alcaldía Metropolitana y con ella el Instituto Metropolitano de Urbanismo, a quien le correspondía actuar como autoridad superior en la ordenación de este territorio, que ahora luce partido en dos mitades. La primera en el estado Miranda y la segunda en el Distrito Capital que, a su vez, comparte territorio con el municipio Libertador.

–¿Cuáles son las consecuencias de que hayan suprimido la autoridad central?

–El problema se agudiza en tanto que no hay gobernabilidad. Han pasado casi 20 años desde que se promulgó la Constitución de 1999, que establece en el artículo 18 la unidad político territorial de Caracas, el desarrollo integral y armónico y el gobierno municipal de dos niveles. No es que yo quiera o no quiera. La Constitución así lo establece. De lo que se trata es justamente de cómo transitar hacia la constitucionalidad de la ciudad de Caracas. Hay que cumplir con esas improntas porque hay un tiempo perdido que tiene que ser recuperado.

–Con el tiempo transcurrido los problemas estructurales de la ciudad se han agudizado.

–Cómo puede una ciudad ofrecer las oportunidades que el siglo XXI le debe ofrecer a sus habitantes, cuando los elementos de la sostenibilidad: la preeminencia del espacio público sobre el espacio privado, el patrimonio, el acceso a los servicios públicos aún no se han resuelto. La equidad en la ocupación del territorio tiene que ver con un desarrollo desigual porque hay una población mayoritaria, que vive en condiciones de infraurbanidad. Todo esto trasciende el nivel metropolitano. Vale para todas las ciudades de Venezuela. Hay un problema de distribución equitativa de la población en función de las densidades. Los espacios que deberían ser menos densos son los espacios más ocupados: los barrios. Allí hay densidades que van desde 600 a 800 habitantes por hectárea, sin servicios. Esa es una situación de inequidad. La revolución habla de humanismo e inclusión, cuando aquí lo que se ha producido es exclusión de la pura y dura.

–¿Se podría retomar el plan de habilitación de barrios de principios de 2000?

–Eran cinco programas encadenados y cada uno respondía a una estrategia. Habría que revisarlas, pero yo creo que todavía son aplicables. Hay que iniciar un cambio, a partir de ideas innovadoras que realmente induzcan a una trasformación de la ciudad, desde tres perspectivas: equidad social, calidad de vida y productividad.

–¿Y qué sucede con la infraestructura de la llamada 'ciudad formal'?

–Caracas tiene un patrimonio edificado, que cada día está más obsoleto, por un problema de falta de mantenimiento o falta de renovación. Desde la perspectiva de la técnica urbanística, las edificaciones que pasan de 50 años son edificaciones que se consideran blandas. Es decir, están sujetas a renovación. En Caracas no hay construcciones nuevas, no hay urbanizaciones nuevas, no hay desarrollos nuevos.

–Pero ahora se ven muchas construcciones en la Francisco de Miranda, en Altamira y Las Mercedes.

–Hay capitales limpios y capitales no son tan limpios que se están utilizando para aprovechar esta coyuntura económica. ¿Cómo se aprovecha? Construyendo. El diferencial cambiario se aprovecha en la mano de obra. En los costos de construcción hay un elemento que es inamovible, que es el costo de la tierra, eso no se devalúa. Lo que sí se ha devaluado son los insumos de la construcción y la mano de obra. Entonces, dónde puedes garantizar a mediano y largo plazo los capitales: construyendo. Y no necesariamente tienes que vender de manera inmediata. Se trata de un bien transable en el mediano y largo plazo. Son inversiones garantizadas en el tiempo; pero no están construyendo viviendas de interés social, hospitales, escuelas, sino oficinas y apartamentos de lujo. Allí es donde se empiezan a manifestar las inequidades.

–¿Y estas obras le aportan algo a la ciudad?

–Por supuesto. Los males no son permanentes, esta crisis no es permanente. Es imposible que sea permanente; por una sencilla razón: la gente va a reaccionar. En Venezuela, si no sucede nada, la hiperinflación puede durar de 11 a 15 meses. En 4 años no ha habida crecimiento económico, sino decrecimiento. En estos 20 años se ha gastado el doble de lo que se gastó en los 40 años de institucionalidad democrática; pero no hemos tenido como compensación las obras que se hicieron en el siglo pasado.

–En su opinión, ¿cuál fue la última obra más importante qué se hizo en Caracas?

–Con beneficios sociales, reconozco los trabajos de ampliación de la autopista, aunque se hayan hecho de forma absolutamente irracional. Sin embargo, la Valle-Coche se movía a 5 kilómetros por hora, en hora crítica, y ese índice mejoró. Las obras en la autopista independientemente de que no se hicieron dentro de la ortodoxia de la buena práctica vial, han ayudado. A pesar del dineral, de la corrupción, pienso que el Buscaracas es una buena inversión porque facilita el tránsito en sentido norte-sur. También estuvo mal hecho, mal planificado. Obras del Metro, como los metrocables. Un terminal como esos reordena el espacio urbano en los barrios. En cambio, en materia de vivienda se botó el dinero. Lo que se hizo en Fuerte Tiuna posiblemente tenga que ser demolido, allí no se cumplió con ninguna norma urbanística. Esos espacios tendrían que estar integrados a la ciudad.

–¿En términos tangibles qué hay que hacer para que haya equidad, calidad de vida y productividad? Considerando que los planes para Caracas ya están todos hechos y engavetados.

– Para que haya equidad en materia de vivienda hay que pasar por un proceso de transformación radical de barrios, redensificar la ciudad con altos criterios urbanísticos. Rezonificar, pero garantizando lo que las rezonificaciones modernas generan: reequipamiento y renovación de los servicios. Eso se llama renovación urbana; pero cuando el Ministerio de Obras Públicas comenzó a renovar la parte alta de San José y La Pastora fue un desastre, por eso la renovación urbana tiene que ser hecha por urbanistas virtuosos, con la participación de la ciudadanía y con una visión democrática del uso del espacio.

–¿Y en cuanto a la productividad?

–En otros países del mundo se habla de islas de innovación. Hay zonas de Caracas con usos potenciales. La Floresta, San Bernardino, Altamira y La Trinidad son distritos médico asistenciales potenciales. La zona industrial de Boleíta y Los Ruíces es otra zona de innovación. Hay proyectos que inducen esos procesos de transformación: la Zona Rental de Plaza Venezuela se equiparaba con la Potsdamer Platz en Berlín, y eso está abandonado. Aquello está produciendo millones de euros desde que lo construyeron y esto está muerto.

–Renovar un espacio así cuánto tiempo requiere.

–Primero hay que tener un proyecto de ciudad, en cinco áreas estratégicas. Proyectos urbanos que generen externalidades económicas. Habría que trabajar los alrededores del Parque del Oeste en una gran operación que llegue hasta Catia. En el centro, la Zona Rental es un proyecto que hay que rescatar. Hacia el este hay un gran proyecto que debería arrancar desde el Parque del Este hasta Los Ruíces. Al sur hay que abarcar el centro histórico de Baruta, transformar los barrios de Baruta y la zona industrial de La Trinidad. Y luego convertir a las universidades en los instrumentos de trasformación de la ciudad.

–Para lograrlo habría que trascender del tema político, que invade todo, empezar a pensar técnicamente y planificar.

–Los proyectos de transformación de la ciudad deben ser grandes, generar beneficio económico y rescatar la conexión con el espacio público. Así como está Caracas es una ruina urbana; por eso es que hemos hablado del proceso de trasformación. El gran desiderátum es cómo transformas una ruina en un espacio rentable, con calidad de vida y con futuro.