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El día miércoles 19 de abril, me encontraba marchando con mis suegros y mi novia sentido oeste por la autopista Francisco Fajardo. Cuando la marcha fue detenida a la altura del Centro comercial Recreo por la guardia nacional bolivariana, nosotros nos encontrábamos como a 300 Mts de distancia del enfrentamiento. Veíamos en la distancia las bombas, pero no nos afectaba el humo. Pasaron no más de 15 minutos, cuando la guardia nacional bolivariana comenzó a arremeter con más fuerza, forzando a la marcha entera a retroceder. Esto generó pánico general y el retroceso brusco de la masa de gente, logrando separarnos de mis suegros y generando caos, lo que hacía imposible avanzar efectivamente. Mi novia y yo tomamos la decisión de saltar la defensa de la autopista, hacia un terreno baldío que se encuentra al borde del río Guaire. Avanzamos lo más que pudimos, pero el humo de las bombas lacrimógenas, empezó a llegar fuertemente hasta este terreno, evitando que continuáramos nuestro camino de huida y provocando asfixia. Buscando otra vía de escape, me percaté que había un grupo de personas cruzando el río Guaire y que este no estaba tan hondo, por lo que decidí que nuestra mejor opción era cruzarlo también. Al llegar al otro lado, es decir a la orilla de Bello Monte, nos encontramos con una pendiente muy inclinada haciendo difícil la subida. Las bombas seguían cayendo cerca de nosotros, a pesar de que estábamos en agua, no se apagaban, flotaban. Intentamos subir, cuando sentí un golpe en la cabeza de la bomba que me dejó un pitido ensordecedor en los oídos por unos segundos, y tumbándome contra la pendiente del río. Entre mi novia y varias personas que se encontraban huyendo, me intentaron ayudar a pararme, pero no sentía las piernas. Aunque veía que las podía mover no las sentía, por lo que no me podía poner de pie. Unos minutos después lograron llamar la atención de unos paramédicos de vías rápidas que al verme sangrando bajaron rápidamente a ayudarme. Al bajar me atendieron la herida y mientras esperaban por el equipo necesario para inmovilizarme y subirme, la gente comenzó a subir por sus cuerdas incluyendo mi novia. Arriba ella llamo a su padre que es medico para que viniera a ayudarla. Mientras ambos se encargaban arriba de conseguir una ambulancia, en el río solo quedábamos los dos paramédicos y yo, cosa que no detuvo a la guardia nacional de seguir lanzándonos bombas a pesar de los reclamos y gritos de los paramédicos, me terminaron subiendo en una camilla de emergencia halada por una cuerda, al llegar al nivel de la calle me montaron en la ambulancia y me llevaron directo al Centro médico docente la Trinidad, al llegar ya me estaban esperando por previa llamada de mi suegro y me atendieron directa y rápidamente, las preocupaciones de los médicos eran varias pero la más peligrosa era el riesgo a infección ya que el río guaire en caracas es la vía principal de recolección de aguas negras de la ciudad lo que lo convierte en una enorme cloaca al pasarme por los exámenes y tomografias me informaron que la Bomba me había fracturado el cráneo y que sería necesaria una Craniectomia parietal más limpieza quirúrgica de una fractura parietal hundida contaminada por lo cual me operaron y me removieron un pedazo de cráneo, la recuperación a sido sobre todo molesta pero ya me encuentro en mi casa, todavía tengo dificultades para caminar ya que la sensibilidad de las piernas no la e recuperado totalmente y ando todo el día con dolores de cabeza y mareos que me indican los doctores que es normal mientras me baja la inflamación en el cerebro. Por los momentos me ando recuperando cada día un poco más y mi recomendación al gremio y colegas es que no perdamos la esperanza, sigamos saliendo y apoyando a la oposición que yo apenas pueda saldré de nuevo

Saludos

Andrés Simon Guinand Montalva

Arq. Andrés Guinand

Lo que sigue no es una Digresión, el título es preciso así como lo son sus consecuencias.

Yo, Oscar Tenreiro, de domicilio conocido, expresándome públicamente a través de este Blog, estoy haciendo, consciente de lo que significa, un llamado a la subversión del pueblo venezolano ante la Dictadura que nos oprime.

Ya perdí la paciencia, como la han perdido millones de venezolanos, la de esperar que los delincuentes que dirigen el gobierno se den cuenta de que la inmensa mayoría del pueblo quiere que salgan del poder y que den cuenta de sus actos. Y digo, como parte de este alegato, con toda claridad, que efectivamente nos están dirigiendo, han confiscado el Poder de un país orgulloso de un pasado con nombres luminosos que ilustran el alcance de la lucha por construir una sociedad afirmada en los más altos valores; nos están dirigiendo repito, lo he dicho muchas veces, una camarilla de delincuentes. Y lo digo hoy abiertamente, directamente, porque no tengo nada que perder, cuento sólo con mi persona y con mi gente querida: Venezuela está dirigida por unos criminales. Diosdado Cabello, el capitán multimillonario, es un ladrón, existen todas las pruebas que lo demuestran; Tareck El Aissami es un narcotraficante porque la denuncia que desde el exterior se hace está basada en evidencias que él no ha refutado; se ha enriquecido y opera con testaferros. Aristóbulo Istúriz se enriqueció, directa o indirectamente y ahora es vocero de la ignominia. Y así muchos más, muchísimos hasta el punto de que la Dictadura se ha convertido en un caso único en la historia del robo de los dineros públicos; no los nombro porque sería demasiado largo y muchos de ellos operan en la sombra. Y en el tope de la pirámide está quien en definitiva funciona como su tabla de salvación, ese torpe personaje que se cree la reencarnación del ya fallecido irresponsable, comandante eterno de la maldad, ejemplo en el manejo de la mentira y el cinismo para un sucesor que lo imita de un modo que hierve la sangre; sí, a ese le costará muchísimo demostrar cuando ya no tenga la protección de sus bombas lacrimógenas y sus tanquetas blindadas, que no metió las manos en el tesoro público, que no tuvo privilegios indebidos, que no protegió con su influencia a conocidos e identificados criminales que hoy esperan sentencia.

Y es por su condición de criminales, lo hemos dicho muchas veces, lo sabe toda Venezuela y ya es tiempo de que se sepa con claridad en el mundo entero, que esos personajes nunca dejarán el Poder si no se ven obligados a ello.

Y sólo los obligará la subversión, llegó el momento de decirlo. Ya basta de eufemismos y temor a decir las cosas. Subversión como resistencia, subversión como negativa a volver a la normalidad, es la única opción que tenemos para que se cumpla el deseo mayoritario, democrático y pacífico, de darle al poder público la indispensable decencia y dignidad mediante unas elecciones limpias que permitan la expresión real y sin interferencias de nuestro pueblo. Con reconocimiento pleno a nuestra legítima Asamblea Nacional. Sin presos políticos. Subversión expresada en la negativa a ser pasivos. En sostener nuestro derecho a ocupar los espacios de la ciudad hasta que los delincuentes tomen las decisiones que abran el camino eleccionario.

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Y a los jóvenes especialmente tiene que dirigirse este llamado. Para recordarles que la normalidad sería para ellos la continuación del estancamiento pavoroso de un país que en las condiciones actuales no les ofrece nada para su futuro. Ustedes son los primeros que tienen que luchar porque no vuelva la normalidad. Que se mantenga la dificultad, que no cese un entorpecimiento dirigido también a despertar las conciencias de los eternos miedosos, de los pusilánimes de siempre, de los que nunca darán un paso arriesgado a menos que no tengan más remedio. ¡Y de eso se trata, de que no tengan más remedio que decir también como decimos todos que ya basta! A esos jóvenes les recuerdo lo que siempre le he dicho a mis hijos: que ser joven no puede ser una excusa sino un acicate para actuar. Los hijos propios pueden o no hacer caso de estos llamados que hago; los de los otros también pudiera ser que los ignoren, pero todo padre sabe que su deber es hacer llamados y esperar consecuencias, y así como insisto siempre con ellos lo hago ahora con los jóvenes posibles lectores de estas líneas cumpliendo en cierto modo un deber análogo, no de padre sino de ciudadano de edad mayor de este país que sufre. Los increpo y les pido que quiten la mirada de la computadora y las redes, que se alejen de la comodidad del aislamiento y se comprometan lanzándose a su ciudad, al espacio público, a compartir con otros directamente. Viéndoles la cara, compartiendo entusiasmo, una de las mayores gratificaciones de participar en las marchas que los venezolanos venimos haciendo durante todos estos años aciagos de opresión demagógica y falaz. Verles la cara a los que comparten tus angustias en una protesta visible, real, que se puede tocar con la mano, porque para eso, para tocarnos con la mano es que estamos en el mundo: para ser verdaderos, no fantasmas de la electrónica. Y les recuerdo, porque conviene tenerlo presente ya que a veces lo olvidamos, que quienes construyeron la sociedad en la que hemos vivido eran también muy jóvenes, acaso demasiado jóvenes cuando tuvieron que lanzarse a la calle, no sólo a compartir sino a impulsar la anormalidad. Que no pierdan de vista que el 19 de Abril de 1810 Simón Bolívar apenas tenía veintiséis años. Poca edad y sin embargo mucha para pronunciar aquella famosa frase dirigida a los demasiado pacientes: ¿Es que trescientos años de calma no bastan? Poca edad como la de una figura que no es de nuestra cultura ni nuestra geografía pero que resulta un ejemplo extraordinario de responsabilidad adolescente. Hablo de Juana de Arco nacida en una época en la cual las mujeres solo se consideraban aptas para servir, y sin embargo, con sólo diecisiete años dirigió los ejércitos de Francia. No le importó ser niña para sentirse responsable. Y la movió además, eso también es lo que me lleva a nombrarla, un ideal, un principio superior, un amor mayor a todos los amores, amor que anida en lo profundo de toda alma juvenil buscando manifestarse.

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Y finalmente quiero llamar a quienes dirigen mi Universidad, la Central de Venezuela donde fui profesor durante treinta y cinco años. Para reiterarles lo que ellos ya saben. Sí Señora Rectora, ya no es posible mantener abierta una Universidad que ha sido sometida a las más escandalosas humillaciones. La Universidad Central de Venezuela tiene que declararse en rebeldía, en apoyo a la resistencia, en voz principal de defensa de la absoluta necesidad de no regresar a normalidad alguna en las condiciones dictatoriales que hoy rigen en nuestro país. También les hablo a mis colegas profesores de la Facultad de Arquitectura. Pretender formar arquitectos en las condiciones venezolanas es una insensatez. En las Facultades de Arquitectura, tradicionalmente, siempre ha habido una conciencia especial de la importancia de reconocer el contexto donde se actúa para poder abrirle paso a una arquitectura con raíces. Y es indiscutible que en el contexto actual venezolano nunca será posible el surgimiento de una arquitectura capaz de convertirse en patrimonio de una cultura. Ese contexto tiene que cambiar porque además de todo lo que he dicho, ha creado las condiciones para convertir en cotidiano el crimen que nos acorrala a todos, sin dejar de nombrar los últimos asesinatos de estos días de protesta, terribles pérdidas que muestran hacia donde quiere llevar las cosas el actual poder político.

Siendo fiel a su historia, siendo fiel a la disciplina que es su razón de ser, disciplina basada en el juego tolerante entre los ciudadanos, obstaculizado hoy por la manipulación dictatorial, la Facultad de Arquitectura tiene el deber de convertirse en vanguardia de la resistencia. En guardián contra la vuelta a una normalidad que no será otra cosa que la aceptación de la hegemonía de la mentira, del cinismo y la corrupción.

Foto cortesía de: Regulo Gomez Ig: @Regulogomez

La Simón Bolívar Big Band Jazz rinde homenaje póstumo al arquitecto Tomás Lugo y celebra el 50º aniversario del Colegio de Arquitectos de Venezuela

El Colegio de Ingenieros de Venezuela presentó al país una propuesta programática para recuperar la calidad de nuestras ciudades, promover el desarrollo urbano y ofrecer solución al grave déficit habitacional que actualmente existe en Venezuela.

En atención a la desmesurada inflación y aumento del costo de la vida, el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) se ha visto en la imperiosa necesidad de ajustar el costo de las inscripciones y de las solvencias anuale.