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21/05/2012

Moderador ya no tan moderado

escrito por Enrique Larrañaga 17/05/2009
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(I) Preludio

Quizá el temporal de escándalos que nos es casi cotidiano a los venezolanos, tiende a hacernos muy olvidadizos. Conocemos una noticia, nos alarmamos, formamos un escándalo, y con el mismo fervor, olvidamos todo, muchas veces ante el peso de una nueva contrariedad. Perdónenme nadar contracorriente, pero creo que esta desmemoria (porque ni a olvido llega…) es una de nuestros peores vicios: el que nos condena a ser una suerte de “pais interruptus”, un conglomerado en permanente agitación, que se concibe comenzando, pero que nunca consigue acabar...

Por eso hoy, al cumplirse tres meses del 27 de septiembre de 2008, cuando, a partir del Concurso para la Sede de la Corporación Andina de Fomento (CAF) en Caracas, envié un e-mail que aspiraba motivar un intercambio de ideas en el alicaído ambiente de nuestra crítica urbana, arquitectónica, disciplinar y profesional, no quiero dejar ese cabo suelto y los vuelvo a molestar con estas reflexiones, quizá finales de mi parte y, ojalá, para cerrar entre todos ese capítulo y abrir otros.

La idea no era original. Como expliqué entonces, la robé del intensísimo, a veces cruento, pero riguroso y argumental (aunque MUY pasional) intercambio de opiniones, críticas, disquisiciones, réplicas, contraposiciones y eventuales insultos, surgido de una concatenación de respuestas a un correo de Daniel Bonilla que comunicaba a una serie de amigos (y ahora presumo que otros “no tanto” el premio en la Bienal Ibero-Americana a la Biblioteca “España”, diseño de Giancarlo Mazzanti.

El enriquecedor zafarrancho en que fue derivando el correo de Daniel me permitió -aparte de comprobar que ciertas bajezas humanas, aunque quizá exacerbadas en nuestro medio, están globalizadas- admirar una solidez (ciertamente agresiva y a veces visceral, pero articulada y decidida a debatir) en la discusión entre nuestros vecinos; diferencias muy marcadas entre las visiones y prioridades arquitectónicas de profesionales de distintas regiones de Colombia, entrelazada con un reconocible enfrentamiento generacional, todo ello basado no en un simple “tú eres de allá, yo soy de acá, no te me acerques”, sino en un conocimiento real (y vehemente) de las diferencias tanto por lo propio como por lo del otro; una viva interacción entre lo académico y lo profesional como ámbitos interdependientes; un marcado interés por la calidad de la obra concreta, aunque por ello se entiendan cosas muy distintas; una preocupación común si bien entendida de modo casi opuesto tanto por lo local como por lo global; y una generosa apetura a la opinión de “intrusos” que, como yo, nos metimos en la discusión y fuimos tratados con idéntico respeto (o agresividad) a los “del patio”.

Con franca envidia por aquella intensidad y la idea (¿ilusión?) de motivar un intercambio similar, por la importancia para Caracas del lote objeto de la convocatoria, con la impunidad de no conocer las bases y ni dinámica del Concurso y con la decisión de mantenerme moderado como moderador (con una mesura que sorprendió a muchos, incluyéndome), lancé aquel mensaje a varios de ustedes (otros nombres se agregaron más tarde) y a otros que pidieron ser retirados de la lista.

Tres meses más tarde, tras la intensidad inicial aplacada por una presentación/catarsis en la Unidad IX de la U.C.V. (a la que no pude asistir), y tras casi mes y medio sin comentarios escritos (aunque siguen las llamadas de teléfono y los chismes de cafetín, más profusos, desde el principio, que los correos) creo que me corresponde cerrar este debate (¿o re-abrirlo?) sobre un asunto extremadamente importante para Caracas, su estructura, su arquitectura y desarrollo intelectual.

Lo haré en una serie de entregas (no es una amenaza…), tratando que cada una sea breve y se concrete a un tema. Utilizaré para el primer envío la lista del último que recibí. Si deseas retirar tu nombre, basta con que lo digas y (disculpa éste…) no recibirás más envíos. Como pedí con la serie anterior, si alguna(s) de estas notas incita una respuesta, por favor utilicen el “REPLY TO ALL”, para garantizar que los comentarios lleguen a todos y, aunque la tentación parece grande, no diluyan el intercambio en listas paralelas cuando pueden sumarse al listado las direcciones de quienes crean puedan estar interesad@s en conocer de este debate sin perder nadie el hilo de nada.

Luego de este preámbulo, comenzaré mis comentarios de cierre. O de reapertura…

(II) Antecedentes

El 24/09/08 la Facultad de Arquitectura de la U.C.V. abrió un ciclo de charlas inusualmente atractivo. Hablarían Carlos Jiménez y Luis Fernández Galiano y al siguiente Miquel Adriá y Beatriz Colomina. Anticipaba gran concurrencia pero hallé un uditorio casi vacío; sólo un poco menos al día siguiente.

La charla de Jiménez siguió los cánones de la academia estadounidense. Confieso que la obra mostrada no me conmovió y me cansaron las reiterativas pretensiones poéticas con cada diapositiva.

La de Fernández Galiano me pareció magistral, y la aplaudí de pie. A su contundencia intelectual, la presentación de LFG sumó efectividad teatral y una precisa coordinación con la secuencia de impactantes imágenes.

Para resumirla, diría que fue un alegato por la sensatez, en contra del divismo, a favor de la ciudad hecha con humildad responsable, conocimiento sensible y respeto ciudadano, y en contra de la arbitrariedad, la lenidad complaciente con el poder y la intrínseca inmadurez de preferir las portadas a “portarse bien”.

El miércoles, la de Adriá desmontó la ampulosidad de Mario Pani, su desprecio por la ciudad hecho destrucción de su tejido con edificios que luego la realidad real (los sismos de Ciudad de México) destruyó, dejando a la ciudad sin lo que había sido y sin lo que se le había querido imponer.

Me quedé a la de Colomina con reservas. Conocía ya el argumento y, sobre todo, creo que esa manía tan gringa de tener que demostrar que uno es distinto (minority) en sexo, raza, religión, sexualidad o lo que sea para conseguir los mismos derechos es una aberración (feminismo incluido), pero confieso que disfruté el sarcasmo sobre los deseos de un exhibicionista hacia una lesbiana.

De las tres últimas charlas tomé muchas notas, pues me pareció aludían temas esenciales para nuestra maltrecha ciudad, golpeada tanto desde la ignorancia del poder como por la petulancia del pretendido saber, las equivalentes ínfulas de dominación y un creciente conservatismo reaccionario que busca inmovilizarlo todo como hasta que pase una marabunta que niegan o se niegan a entender.

Entrando al auditorio el lunes hablé con Pepe Rosas, ví a David Gouverneur, a Elisa Silva y Carola Barrios asistiendo eficazmente a los visitantes, pero sólo al día siguiente hilé que ese desfile de estrellas tenía que ver con el concurso de la CAF. Se lo pregunté a Pepe y me lo corroboró mientras, según lo convenido entre el jurado y con el convocante, se negaba a adelantarme los resultados ya decididos y firmados mientras no fueran publicados en la página web.

Al terminar la charla, un exultante Famiglietti se acercó a agradecer a Pepe la mención obtenida. Ahí Pepe me dijo que habían ganado unos “chicos jóvenes mexicanos”. Ya en casa, me entró una suerte de terror de que esos “jóvenes mexicanos” fuera alguien cuyo efectista trabajo detesto y que tuviera que calármelo todos los días nada menos que en la Plaza Altamira…

Fui a la computadora y busqué “Concurso Sede CAF Caracas” en Google.

La primera entrada llevaba a un listado de premiación, sin imágenes, y vi a Andrade-Morettin como el segundo Premio, y a Norten y Gualano-Gualano entre las menciones. Volví a la página de Google y la cuarta entrada conducía a un blog que decía algo así como “¡ganamos!”. El click me llevó a seis láminas que me dejaron, por decir lo menos, estupefacto. En otra ventana busqué PRODUCTORA (desconocida por mi hasta entonces) y lo hallado podría corroborar que ellos pudieran ser los “chicos jóvenes mexicanos”.

Nunca me es fácil conciliar el sueño. Esa noche menos.

(III) Concursos: El Cliente

Jueves 25. Vuelvo a revisar Google. Idénticos resultados: mutis en la página de la CAF; igual en la PRODUCTORA; el link al blog lleva a las mismas seis láminas. Las bajo. Las abro a mayor escala. Lo primero que me asombra/aterra, ante la memorIa del terremoto de 1967, particularmente destructivo en Altamira, es que la propuesta premiada se autodenomine UN EPICENTRO URBANO.

Noto más detalles que acrecientan mi angustia y desconcierto. Sobre todo, la incompatibilidad de ese gesto autosuficiente, desolador, erecto al otro lado de la calle como un carajito en el vestuario gritándole al obelisco de la Plaza “yo lo tengo más grande”, full fotogénico, es verdad, pero también exhibicionista y hasta oportunista, con las charlas de anoche y anteanoche. ¿Qué hay aquí que yo no entiendo? ¿Qué dijeron ellos que no entendí? ¿Y qué no dijeron que yo creí escuchar? ¿Será que éste no es el proyecto? Vuelvo a buscar, esta vez por Altavista. Cuesta un poco más llegar al blog, pero llego. Espararemos a ver qué saca la CAF. Un listado de premiación no es un veredicto...

Debo aclarar antes un asunto. Considero un derecho sagrado de todo participante en un concurso enviar lo que le de su muy soberana gana. Por eso, por ahora, no voy a comentar sobre el trabajo ganador ni el resto de los que he podido ver. Sólo cabe alegrarse por PRODUCTORA, imaginarlos muy felices por su triunfo, sospechar en esa felicidad hasta algo de picardía por haber logrado pasarle un strike visualista al jurado y que, de corazón y aunque, por haber sido víctima de ello lo rechazo y me duele, espero que éste sea otro de los premios que se quedan en papel.

Aunque es petulante auto-citarse, no se me ocurre nada sobre la dinámica de los concursos muy distinto a lo que escribí en 2001 para el catálogo de la X (y hasta ahora última) Bienal de Arquitectura de Caracas (aunque su periodicidad es aleatoria, seguimos llamando “Bienales” a eventos cuyas tres convocatorias más recientes fueron en 1987, 1998 y 2001…; ¿cosas del trópico?). Y es que en los concursos confluyen cuatro fuerzas distintas y hasta disímiles: el cliente, la Curaduría, el Jurado y los participantes, cada uno con su propia agenda y sus propios ardides.

Creo que la definición de “cliente” amerita una reflexión especial, pues si el asunto a decidir se estima amerita un proceso tan complejo, costoso y potencialmente controversial como un concurso es porque posee un gran interés. ¿Para quién? ¿La posesión de un título de propiedad sobre un lote de terreno de relevancia urbana es suficiente para decidir sobre lo que se hará con él, como si se tratara de una parcelita en las afueras? ¿Quién es el cliente cuando la elaboración de una propuesta arquitectónica implica, de hecho, un proyecto de ciudad, aunque sea parcialmente?¿Cliente es el que paga y, como quien convoca paga, decide, manda, y los demás a callar? ¿Son las necesidades del convocante iguales a las del cliente? ¿Por qué debe la CAF (cuya estructura desconozco, aunque entiendo cumple loables funciones regionales) ser EL hito de Caracas (su epicentro, según PRODUCTORA) o siquiera UN hito, en una ciudad ya saturada de hipos que se juran hitos? ¿Comparten todos los países signatarios la localización de SU hito en la capital de uno de ellos?

Eso por el lado de la CAF. Pero, el cliente en un espacio de esta relevancia urbana y metropolitana ¿es la CAF? ¿Es siquiera el Municipio Chacao, donde está el lote en estudio? ¿O el Distrito Metropolitano de Caracas? ¿Qué dijo ese cliente? ¿Dijo algo? ¿Y qué dice ahora? ¿Puede la Alcaldía Municipal o la Metropolitana concebir ese lugar como una parcela más (ciertamente más grande pero “operativamente” igual), a la que se le asignan unas variables urbanas (con la imprecisión meramente cuantitativa de las normas vigentes y sin consideraciones de diseño urbano y articulación con, por ejemplo, la continuidad del sistema de aceras a lo largo de la Avenida Miranda) y traspasar al ingenio o falibilidad de un diseñador una responsabilidad SOCIAL y CÍVICA de esa magnitud y quedarse tan tranquilos? Tan desolados como un caricaturizaado personaje cualquiera del Chapulín ¿tendremos los ciudadanos que suspirar, preguntándonos. “ahora, quién podrá defendernos”?

¿Quién decidió quién es el cliente aquí (o se autodenominó como tal)? ¿Y quién se consideró autorizado a decidir qué, como consecuencia? ¿Quién calló? ¿Quién calla? ¿Por qué?

(IV) Concursos: El Curador

Seguramente el papel más ignorado y el más determinante en un Concurso, particularmente cuando, como éste, consta de más de una fase y se inicia con una evaluación de credenciales, es el de Curador (o Asesor, o Coordinador o cualquier otro sinónimo utilizado para designar el cargo).

El Curador se convierte en el OJO del convocante: lo asesora sobre el mecanismo para la consulta (por invitación, abierto/con fases, evaluación de credenciales/concurso cerrado) el alcance (de ideas o anteproyecto; con ganador o con segunda vuelta) y al hacerlo predefine ya la orientación del evento. Corresponde al curador identificar el verdadero cliente más allá del tenedor del título de propiedad del terreno (según lo que intenté explicar en la entrega IV de esta saga) y así el ámbito de influencia del proyecto y su tipificación. Como uno presume (y en esta caso sabe) que el Curador no es incapaz ni abyecto, supone discusiones complicadas para convencer al convocante sobre la real dimensión de la convocatoria y hasta ásperos desacuerdos que exijan la participación de asesorías adicionales, cuidando de que ellas no obliguen a inhibirse a potenciales participantes.

Cuando, como en este caso, se escoge el modelo de concurso abierto de credenciales para definir los participantes entre los que se escogerá UN ganador, el peso del Curador en el proceso se multiplica. En la primera fase (selección de participantes), por sí mismo o con el apoyo de un comité formado bajo su conducción, la admisión de algunos y el rechazo de otros (siempre cuestionables, como algunas lo han sido, o imputables, como fueron otras) otorga al Curador el poder de un Casting Director, prefigurador del resultado a través de la tipificación de profesionales participantes y, así, de las propuestas esperables. Otra responsabilidad determinante del Curador es constituir el Jurado Evaluador, sin duda determinante sobre el resultado del proceso y hasta pre-anuncio del mismo. Sin que ello implique juicio de valor (ni bueno ni malo en sí, pero sí muy evidente), en la conformación del Jurado para la CAF predomina lo académico y mediático sobre lo referido a la práctica profesional concreta y cotidiana, aspecto que sería ingenuo pensar que los participantes hayan pasado por alto.

Corresponde también al curador definir o al menos articular las bases del Concurso: lapsos, requerimientos programáticos y de presentación. Presume uno que para tomar tales decisiones se desarrollan varias consultas (con el convocante para recabar sus necesidades y cuantificarlas; con la autoridad local para compilar condiciones y regulaciones legales y visiones especiales para el lugar), esfuerzos de coordinación (formato de presentación, contratación del local para reuniones del jurado, logística de traslados, etc.). Pero pienso que lo más difícil (y retador) debe ser definir la información base a suministrar a los concursantes y al jurado: suficiente como para que se entienda a plenitud, toda la complejidad, relevancia e interrelación con otros sistemas y eventos del lugar en la ciudad, pero también suficientemente abierta y múltiple para permitir interpretaciones diversas, a no ser que exista ya (explícita o tácitamente) una idea del resultado que se busca y la información se oriente en ese sentido. Se ha n visto casos… Pero nada permite pensar que tal haya sido el caso en este concurso.

La sumatoria de todas estas formas de poder, su complejo manejo y la variedad de ámbitos de su ejercicio exige del Curador un inusual despliegue de destrezas, particularmente cuando, como parece haber sido el caso, los intereses del convocante pueden haber chocado con expectativas de la autoridad o cuando, como es público, hubo desacuerdos de intensidad entre miembros del jurado y cunado el resultado (como casi cualquier resultado) ha despertado polémicas pero ninguna respuesta.

Entiendo que, como un confesor, el Curador firma una suerte de “voto de silencio”, pero no “de asepsia”. Entre sus obligaciones está exigir del Jurado un real y completo VEREDICTO, con algo más que lugares comunes y vaguedades complacientes; del convocante la publicación de TODAS las propuestas, para evaluar la inapelable pero no infalible decisión del jurado; y del cliente un juicio sobre la compatibilidad de la propuesta con su visión urbana para tantear la viabilidad de realización.

Ser Curador, sin duda, no es fácil, pues no es un privilegio sino un deber. Social y disciplinar.

(V) Concursos: EL Jurado

En el juego de fuerzas que opera en la dinámica de un Concurso, el Jurado es la “estrella”.

Desde hace años nuestra oficina sólo participa en Concursos cuyo Jurado ofrezca la posibilidad (nunca seguridad…) de una profundidad de visión y, con su autoritas, controlar los errores o desviaciones que el convocante y/o curador hayan podido cometer, más allá de lo que éstos hayan anticipado al designarlo (así ganamos nuestro primer Primer Premio…). El Jurado tiene la responsabilidad y el deber de ver más allá de lo circunstancial del evento convocado para identificar lo relevante en lo que perdurará como su resultado. En este caso, es indudable que el grupo conformado es coherente y de prestigio capaz de avalar casi cualquier decisión. Rechazo pro completo el argumento provinciano que “explica” la impropiedad de la decisión por la poca presencia local en el jurado, no sólo porque al menos el 50% del grupo tiene un conocimiento íntimo de esta ciudad y ese lugar, sino porque esa suerte de chauvinismo profesional me resulta patéticamente inadmisible.

Pero pocos jurados son “previsibles”. Una vez Pablo Lasala me dijo que un jurado conforma un ser paralelo, distinto a cada uno de sus miembros (aunque los incluye), capaz de decidir lo que en realidad ningún integrante comparte pero todos terminan secundando. Me he visto, como jurado, firmando actas que premian no lo que preferimos sino lo que menos objetamos. Presumo que algo de eso pasó aquí. De los 7 trabajos distinguidos, 3 caben en la categoría “masa que ocupa el lote”, 3 en la de “muro al sur del lote”, y sólo el ganador en la de “objeto aislado en campo abierto”. Curioso, ¿no?.

Como creo DEBER del jurado no es COMPLACER al convocante para darle un happy ending a un evento sino CUMPLIR con el verdadero cliente garantizando la PROPIEDAD del resultado final, (el edificio en su lugar y con su entorno), me imagino a sus miembros no de turistas, sino como investigadores, escrutando el sitio y sus dobleces, discutiendo entre ellos las posibles acepciones, sin dejarse guiar por convocante ni curador más allá de lo cortés y operativo. No tengo por qué pensar que esto haya dejado de ocurrir en esta oportunidad.¿O sí? ¿Cuántos miembros del jurado defienden el puentecito a mitad de cuadra para cruzar la Avenida Miranda? ¿Cuántos la clausura de la salida del metro existente para suplirla por un tarantín en la esquina noreste? ¿Cuántos notaron que el “gesto” de la diagonal sureste-noreste vincula una gasolinera con una venta de cachapas?

Ver más allá de lo evidente, exige del jurado tanto coherencia como un ejercicio de docencia; en este sentido, dos cosas me dejan perplejo. Por una parte, el modo casi flagrante con que la decisión contradice toda la prédica desplegada en charlas magistrales por los individuos que la toman y, por otra, la parquedad del veredicto ante la conocida prodigalidad de sus miembros. Sólo sé de un texto de Omar Seijas, representante del Colegio de Arquitectos, después del veredicto, que podría resumirse así: el ganador cumple con las variables urbanas del lote con buen nivel de diseño. ¿Habla Omar o el Colegio? ¿O un revisor de Ingeniería Municipal? Corre la versión (¿leyenda urbana?) de que uno de los miembros del jurado hizo constar por escrito su desacuerdo con la decisión. Si la versión es falsa ¿por qué no se desmiente? Y si es cierta ¿por qué no podemos LOS CLIENTES ver ese escrito y a analizar sus argumentos? El jurado contaba, desde el principio, con una ausencia inexplicable: la autoridad urbana (municipal y/o metropolitana). Pero más inexplicable es el silencio de esa autoridad sobre el evento urbano propuesto. Ni siquiera los ganadores pensaron el edificio como simple sede de la CAF; la llaman “faro”, “epicentro” urbano. ¿Y la ciudad? ¿Calla y se la cala?¿quién nos explica ésa?

La decisión del jurado, obvio, es inapelable. Pero no incuestionable. Menos aún inevitable, si el CLIENTE decide que eso no es que necesita y desea. Insisto: el CLIENTE en este edificio no es la CAF (con todos los papeles que tenga) sino Caracas. Ni siquiera Altamira ni el Municipio Chacao, sino la ciudad. TODA.

(VI) Concursos: Participantes

Aunque suene chocante y hasta incoherente, los participantes de un concurso son el eslabón más débil de una cadena que les encantaría dominar. Imbuidos del esplendor de una estrella de cine, su presencia también es sólo posible porque hay productor (el convocante), un guionista (el curador) y un editor (el jurado). Más aún en un concurso como éste, con casting previo (por cierto, muy bajo el número de participantes seleccionados ¿verdad?) y evidente prestigio académico/mediático del jurado. Lo cual (sobran ejemplos) no es garantía de nada, pues aunque es lógico que quien recibe algún premio piense que se lo merecía y quien no recibe nada pase casi de inmediato a abrigar sospechas, todos sabemos que en los concursos de belleza no siempre gana la más bonita o, para ponerlo menos banal, nadie diría hoy en día que la actuación de Cher en Moonstruck es mejor que la de Glenn Close en Dangerous Liassons. Ganar es tan accidental como no ganar, pues sobre una cosa penden tantas circunstancias sobre la otra y un veredicto es, en verdad, más una fotografía del jurado que lo proclama y sus circunstancias que de los trabajos que ese jurado evalúa y sus valores. Aunque sea a los participantes a quienes les toca el glamour y los flashes de la alfombra roja… Y, seamos sinceros, el arquitecto que no tenga su ego que tire la primera piedra. ¡Con seguridad, saldremos todos ilesos!

Por eso, repito, soy defensor decidido del derecho de cada quien a presentar a un concurso lo que tenga a bien, sea hecho con la clara voluntad de ganar independientemente de los ardides utilizados o con mayor o menor esfuerzo del que demuestre el resultado, pues la circunstancia de ganar, llevarse algún premio grande o de consolación o de quedarse con los crespos hechos es de la entera responsabilidad del jurado. No creo que a nadie sorprenda, a estas alturas, que diga que no creo que la propuesta de PRODUCTORA sea la mejor de las pocas que he podido ver y de ello tratará una próxima entrega (¿sería tan difícil que la página web de la CAF, tan activa que resulta arduo acceder a información de hace apenas tres meses, ofreciera un link para ver todas las entregas, así sea resumidas, tipo www.tabakalera.eu, un concurso más local pero similar? Y, similarmente, ¿por qué no muestran los participantes, por este u otro medio, sus propuestas?).

Pero reconocer que todo participante tiene derecho a querer ganar y a mandar lo que quiera no implica cohonestar la rendición de la capacidad ética y crítica del arquitecto ante el altar de la ambición. Por el contrario, creo que el PODER del concursante está en traspasar con sagacidad y precisión lo que convocante, curador y jurado esperaban para dar con la verdadera representación que el CLIENTE REAL y el SITIO CONCRETO buscan y necesitan. Creo que la única maldición mayor que ganar un concurso con la propuesta que “tú sabías que era lo que estaban buscando” pero en la que no crees es que ése sea de los poquísimos concursos que termine construyéndose y pases a ser conocido o hasta reconocido por las 30 monedas por las que vendiste el alma.

En el juego de fuerzas y tensiones que definen la dinámica de un Concurso, la única que tiene un participante es la de su integridad. No son pocas las “conversaciones informales” (chismes, pues) en las que algún participante ha comentado sobre premisas que prácticamente imponían una propuesta, ausencia de relación con el sitio, dudas sobre la realización en una sola fase de un proyecto tan complejo y que ameritaba algún tipo de consulta pública por la relevancia de su localización y simbolismo y otras críticas “post-morten”. ¿Se manifestaron estas observaciones en su momento o se optó por callarse “porsia”? ¿Se formularon proyectos “contestatarios” que ahora no muestra nadie? ¿O se acataron normas sin cuestionárselas para ahora “tomar conciencia” de su inconveniencia? “Tarde piaste, pajarito”, diría alguien por ahí… Y, más grave ¿por qué persiste el silencio? Prudencia, pueden decir algunos; evitar sonar reconcomiados, dirán otros; diario de ayer, quizá digan otros.

Pero cualquier otro motivo o lectura sólo será posible si los actores definen y ejercen su rol.

(VII) Concurso CAF: Ausencias

Nada tiene una presencia más contundente, ya se sabe, que una ausencia evidente.

Y en el caso objeto de este debate que soñé abierto, amplio y ampliable y parece haber terminado en soliloquio, hay (antes, durante y después del concurso) varias que, por decirlo con discreción, llaman altamente la atención.

Para comenzar por lo farandulero, sorprende la ausencia en el “cuadro de honor” de algún chileno o colombiano, países con arquitectura de reconocido valor, así como del trabajo de Premios Nacionales locales (sé de al menos dos que participaron, aunque no he visto sus propuestas). Pero, ya se sabe, el mejor torero tiene una mala tarde y “todo es posible en la dimensión desconocida…”. Éstas y otras suspicacias se evitarían abriendo la información y abdicando a una confidencialidad a ultranza.

Parece ya casi costumbre que la presencia del Colegio de Arquitectos como facilitador de procesos se reduzca a una función de observador (¿mirón de palo?), lo que termina por constituir una particularmente macabra forma de ausencia. Quizá esté siendo injusto con el CAV por falta de información (que, a estas alturas, también pudiera haberse hecho pública…) y guiándome sólo por las líneas (ya comentadas) de Omar Seijas (que, como bien dijo María Isabel Espinosa, debería aclararse si fueron a título personal o institucional y, de ser lo último, cuándo, cómo y con la participación de quién se decidieron), y por las gentiles invitaciones de Odoardo Rodríguez a convocar foros sobre éste y otros temas, cuando ya el hecho ha ocurrido y hasta diluido, y, por ello, temo que bastante poco útiles. ¿Participó el CAV en la formulación de bases, conformación de jurado, condiciones de convocatoria, sistema de selección? Si sí ¿así como cómo?; si no ¿cómo así? Cuando un amigo colombiano me solicitó datos para conformar la Oferta Económica que entiendo era necesario adjuntar a la propuesta (condición ilegal en los concursos en Venezuela, por cierto, ¿qué dice el CAV sobre esto?), me dio vergüenza (nada ajena, sino profundamente propia, por lo inapropiado) no poder remitirlo a una institución que, como la de su país, contestara sus dudas con claridad y contundencia y no con ese “depende” que a los venezolanos parece habérsenos convertido en forma de vida…

¿Y las escuelas de arquitectura? ¿Queda cumplida la “responsabilidad de la Academia” con el foro convocado por la Unidad IX de la FAU-UCV? ¿Corresponde, ética y socialmente, a la Universidad una asepsia que más parece autismo, prudencia que es casi impudencia? ¿Demuestran así pericia política o estulticia ética? Entre todas las tesis, de pre-grado y post-grado, que se han hecho durante tantos años utilizando estos terrenos, ¿no hay un autor o un tutor que tenga algo que decir?

¿Y las personalidades, asociaciones y “fundaciones”, tan beligerantes y vehementes para, por ejemplo, impedir la demolición parcial de una casa privada al final de una calle ciega y tan calladitos en un caso, lugar y presencia tan importante para la memoria y el ser de nuestra ciudad?

Y los periodistas que tan bien identifican temas polémicos y logran, con titulares contundentes, dar a algunos asuntos una visibilidad a veces sorprendente ¿no han hallado en este asunto un ápice de curiosidad más allá de la reseña de la premiación? ¿Eso es lo “noticioso” en todo esto?

Está también la ausencia de opinión de los participantes, quizá recelosos de que lo que digan suene a resentimiento. ¿No hay quien se estime capaz de formular una crítica real, profunda, tanto sobre el proceso y los otros participantes como su propia actuación y propuesta, con argumentos que pueda cualquiera reconocer como madurado en las neuronas y no escupido desde las hormonas?

Pero nada extraña, indigna, duele más que la ausencia de la autoridad (tanto municipal como metropolitana; pasada y actual) en una calificación de la compatibilidad de la propuesta que se asume quiere desarrollarse con los planes para el lugar, su área circundante y todas las zonas afectadas (que es decir toda la ciudad). Si (como he escuchado) se ignoraron recomendaciones de diseño urbano formuladas por la Alcaldía para esta localización tan neurálgica y vital ¿por qué se calla? Si no las había y esta parcela simplemente se asumió, reguló y trató como otra más ¿cómo se explica eso? Y si es así ¿no es urgente actuar para revertir una ausencia que puede ser fatal?

Aún hay tiempo para revertir esas ausencias. Todas ellas. Pero el reloj sigue corriendo.

(VIII) Primer Premio: El Epicentro

Me hubiera gustado que los arquitectos de PRODUCTORA hubieran dedicado unos minutos a buscar imágenes o una foto satelital en Google o Google Earth para comprobar que en Caracas la montaña grande no es un volcán sino una cordillera y que queda al norte del valle, no al este, antes de producir el impactante render de la lámina 7, de la reseña de su propuesta en su página web (www.productora-df.com.mx) lo cual no es sino decir que me hubiera gustado más que, en el legítimo ejercicio de su decisión de ganar, hubieran tratado saber algo de la ciudad en la que clavarían su estaca blanca. Como caraqueño, me siento insultado por lo que quizá para algunos sea un detalle nimio. Pero alguien dijo que Dios está en los detalles…

Me hubiera gustado, también, que las plantas de conjunto indicaran que el equipo conoce y reconoce la existencia de un espacio urbano importante al norte de la plataforma de lanzamiento del “faro”, un espacio que para muchos es ya uno de los “epicentros” urbanos de esta ciudad múltiple, tan claveteada de pretensiones fatuas de arquitectos “guinda de la torta” y que, al menos en mi opinión, más que nuevas genialidades (éndogenas o importadas), necesita congeniarse más. Así como me hubiera gustado que, al reconocer la Plaza, esta versión local de las Twin Towers supiera mirar a ella y no encerrarse en sí mismas, alrededor de la plazoleta que se muestra en la lámina 3, más drop-off corporativo y suburbano que espacio cívico de importancia. Me hubiera gustado que se conociera un poco más de la condición del lugar como nodo notable en el eje central de la ciudad a lo largo del cual corre el Metro y se hubiera evitado rellenar una placita (no gran cosa ella, es verdad, pero existente y mejorable, que además permite la conexión con la Plaza principal al norte), para sustituir todo por un insípido pabellón ubicuo en una esquina (donde, por cierto, hay ya una salida al otro lado de la calle) y una patética pasarelita. Me hubiera gustado, también, que se entendiera que ni el sistema de doble fachada tipo NY Times conseguirá que el oeste del trópico pase a ser igual al norte o al sur o al este y que la prístina limpieza que muestran los renders seguramente necesitará adaptarse a las variaciones dramáticas que marcan nuestra ciudad. Tampoco hubiera sobrado alguna consideración sobre la condición sísmica o una postura más clara sobre espacios abiertos que anuncian vacíos desolados.

En fin, hubiera querido que PRODUCTORA hubiera intentado entender el lugar donde planta su ciertamente elegante torre. Pero si las láminas 15 y 16 en la citada página evidencian el método proyectual del equipo, su interés icónico por encima del esfuerzo coral y, también, de su profusa capacidad para producir opciones hasta decidir cuál luce mejor, es quizá este exceso en la visión visualista (redundancia consciente), su empeño fetichista en la imagen como anzuelo lo que más irrita de la propuesta. Pero sobre todo, del aval concedido por un jurado que mientras tomaba esa decisión desplegaba un casi coordinado performance público sobre contexto, experiencia, tectónica, moderación, acaso entre contradicciones internas que tenemos derecho a conocer, no por mera curiosidad sino porque Caracas será otra si se instala en Altamira este misil pretencioso; y esta Plaza no aguanta otra ignorante prepotencia como la perpetrada por Arquitectonica y este faro radiante (¿Chernobyl?) ensordecería, gritón y ausente, la serena elegancia del edificio de Arthur Kahn y el Obelisco existentes.

No sé si la alegría del triunfo habrá permitido a Bedoya, Perles, Jaime e Ickx, en su visita a Caracas a recoger su premio, alguna duda sobre la vaidez de su “epicentro” estremeciendo un lugar bastante menos neutro que el taburete de su oficina. Pero ¿la habrá sentido algún miembro del jurado cuando, camino al aeropuerto y desde el un taxi probablemente atascado en el semáforo de la Miranda, haya anticipado la insultante vacuidad del vacío con poste que nos legaba?

(IX) Premiados: Torres

Como sugerí en algún capítulo anterior, exceptuando el proyecto ganador, el jurado parece haber coincidido en que para el lugar urbano central, marcadamente simétrico y metropolitanamente protagónico, como el asignado para el concurso las dos opciones más claras, aunque antagónicas, serían “una torre concentrada hacia el sur del área” y “una masa que ocupe la casi totalidad del área”.

A la opción de “torre concentrada al sur del área” corresponden los proyectos de Andrade-Morettin, QVEarquitectos y Alessandro Famiglietti (estos últimos más slab que torre). Considerando que los dos primeros son 2do. y 3er. premio y que, aunque menos autónomo que el faro de PRODUCTORA, apelan al protagonismo icónico, pareciera que fue ésta la idea preferida por los designados para definir el curso del concurso. Quisiera ver en el proyecto de Alessandro una reinvindicación local a la arquitectura de Narciso Bárcenas. Pero temo que los excesos texturales, compositivos y de articulación en el edificio y el tratamiento de los espacios exteriores trocan tal posible valor “contextual” en un accidente poco sólido.

La propuesta de QVE-ARQUITECTOS correlaciona elegante, contundente y directamente forma visible y técnica constructiva, con admirable parquedad de recursos. Los muros al este y oeste construyen la estrategia estructural en su combinación con entrepisos/macro-vigas que corren entre ellos, mientras reconocen la primacía del eje norte-sur como dominante en el contexto y la significativa diferencia que entre oriente y poniente marca el trópico. La posición de la torre responde también a una lectura atenta del lugar (como muestran sus comprensivos y comprehensivos esquemas de ubicación), con una plaza menor hacia la Torre Británica (con un menos feliz “slabcito” posterior) y mayor amplitud hacia el norte. Sin embargo, como en otras propuestas distinguidas, tal confinamiento lateral opera como unas gríngolas que, ignorando las avenidas del borde, crean una suerte de isla urbana que aspira a sobrevivir al naufragio de un entorno resignadamente entregado al caos.

De este grupo creo que la propuesta más sensible y apropiada es la de Andrade-Morettin (una conseja dice que el 2do. Premio suele ser el merecido ganador que no llegó a serlo…), sobre todo si se ignora la propuesta de crecimiento con una inexplicable torre que parece contradecir el resto de la propuesta.

El reconocimiento de la existencia del Metro como parte de las secuencias urbanas de escala metropolitana que definen el lugar y cualquier intervención en él creo corresponde con la compleja articulación de lugares mixtos en encadenamientos abiertos que es Caracas y lo mejor de su arquitectura; en la propuesta, esa complejidad se transporta con inteligencia y riqueza espacial a los patios elevados que, en la torre, generan espacios orientados hacia diferentes vistas de la ciudad, con diversa jerarquía y que, al menos en los renders, dan a la masa una permeabilidad y ligereza que, quizá, los dramáticos contrastes de la luz tropical harían menos evidente… Virtudes todas que, al menos en mi opinión, hacen de la de Andrade-Morettin la menos invasiva de las opciones “heroicas” aparentemente preferidas por el Jurado.

(X) Premiados: Masas

La categoría que he denominado “una masa que ocupe la casi totalidad del área” domina el grupo de proyectos a los que el Jurado decidió destacar con Menciones Honoríficas, cuya “numeración” (de la 1ra. a la 4ta.) cabe pensar como un orden de preferencia.

Aunque aquí las agrupo dentro de tal categoría, es claro que las propuestas de Vigliecca&Asociados (1ra. Mención), TEN Arquitectos (2da. Mención) y Scheps/Gualano+Gualano (3ra. Mención) son sustancialmente distintas y merecen consideraciones igualmente diferentes, que trataré de abordar.

La propuesta de Scheps/Gualano+Gualano construye un gran bloque urbano tallado que en tres slabs paralelos (con rigor/rigidez casi Hilberseimeriano), con distinta separación entre sí y la previsión de una suerte de inversión del corte para alojar el área de crecimiento solicitada. Aunque el tratamiento de los niveles inferiores denota comprensión de la condición urbana y peatonal del lugar, y la plaza elevada ofrece un espacio también sensible al lugar, el tratamiento esquemático de las fachadas laterales, que imponen un corte abrupto de la masa y una relación poco cortés con la avenida y los vecinos, hacen lucir el edificio como una sección de un sistema mayor, interrumpida porque “se acabó el terreno” y no porque se completó el proyecto ni concluyeron sus compromisos y posibilidades con el entorno.

Algo semejante puede decirse de la propuesta de TEN-Arquitectos, de astuta y hasta atractiva silueta pero rebanada como una sección inconclusa de una masa que ha podido ser mayor o menor, concentrada, parece, en generar un gesto heróico hacia la plaza. TEN y sus colaboradores argumentan la propuesta con una lógica que algunos han sugerido como “solución” a la propuesta ganadora: acuesta la torre. A partir de esa operación inicial, Norten y Grauer desarrollan otras de orden topográfico hasta arribar a esa especie de balancín posado sobre un sistema de espacios en las plantas bajas finalmente sólo tangentes a las secuencias urbanas descritas en la primera lámina y que no informan componentes sustanciales del edificio, finalmente desvinculado de la secuencia, como una pieza autónoma. Tanto que la plaza semi-privada desarrollada en el techo parece desconocer sus vínculos con el eje norte-sur y se abre, casi accidentalmente, hacia el este y el oeste, sobre unas calles que el edificio ni reconoce ni valora.

Y si los segundos premios parecen destinados “al ganador que no fue”, quizá las menciones deban leerse como el mea culpa a través del cual el Jurado se anticipa a las críticas sobre sus decisiones de premiación. Esto es lo que leo en el otorgamiento de 1ra. Mención a la propuesta de Vigliecca&Asociados. La propuesta desarrolla una lógica de ocupación del lote que inteligentemente responde a la solicitud de generación de un evento urbano notable (para lo cual no es indispensable elevarse a alturas ofensivas) mientras combina la generación de un complejo (que no complicado) y divertido sistema de espacios públicos, semi-públicos, semi-privados y privados con una adecuada institucionalización del sector definida por la fuerza de la presencia y no por la insolencia de la prepotencia. Sin conocer el programa, parece evidente que las áreas generadas en esta propuesta son menores a las de las otras que he visto, lo cual puede indicar o que el programa solicitado es excesivo para el lugar real, o que el concurso ha debido desarrollarse en dos etapas o, muy probablemente, ambas cosas. El techo vegetal conforma un datum sólidamente legible mientras el arreglo libre de los bloques internos ofrece distintas y hasta sorprendentes opciones de relación con el impreciso entorno, en el único edificio distinguido que nace de su interior para dialogar con el entorno y no invierte esa ecuación que debería ser norma de buena conducta ciudadana y, por tanto, mandamiento arquitectónico fundamental. Al menos para quienes creemos que una ciudad no cabe encima de un taburete.

(XI) Posiciones

En los ya lejanos tiempos de mi iniciación profesional, a finales de los 70 del siglo pasado, y a pesar de la ortodoxa formación modernista que recibimos los de aquella primera promoción de la U.S.B., comenzaban a ser casi un lugar común las críticas cada vez más fuertes y agresivas contra el modernismo. Aunque ahora vayamos entendiendo que aquellas críticas se dirigían más a la pobreza en que habían devenido las incitantes ideas de la vanguardia de la entreguerra que a la obra e ideas de aquellos heroicos (¡cómo les gustaría este adjetivo!) precursores, es también claro que, como “a la culebra se la mata por la cabeza”, era casi imperativo ser anti-miesiano para denunciar la pobreza de la arquitectura corporativa y anti-corbusiano para denunciar la destrucción de la ciudad como tejido comprensible.

Primero fue “Complejidad y Contradicción” de Venturi que, contradiciendo la pureza y sencillez modernas que se nos habían inculcado como sagradas, se solazaba en lo complejo; Colin Rowe y su “Collage City” (particularmente el texto visual que comparaba la Galleria Uffizzi y la Unité de Marsella) nos revelaban la importancia y diferencia entre fondo y figura; la “Arquitectura de la Ciudad” de Rossi permitía comprender lo que la densidad de Tafuri había hecho inaccesible a nosotros, pobres mortales; la experiencia de “Roma Interrotta” nos convidaba a participar en un vibrante re-encuentro con la historia. El último cuarto de un siglo marcado por guerras y destrucción masiva de repente lucía como una epifanía de reconstrucciones, reales y simbólicas.

Lamentablemente, como antes había hecho Philip Johnson con la modernidad y con idéntica frivolidad, Jencks se encargó de reducir todas aquellas ideas a un estilo y la potente post-modernidad al banal postmodernismo. Peor aún: si un mal edificio moderno resultaba aburrido, un mal edificio postmo (¡y mira que los hubo y aún pueden verse en las calles de Caracas) era simplemente ridículo.

Contrariamente a lo que uno entendió de Rossi, Rowe, Krier y varios otros, la futilidad de arquitos, exageraciones y florituras terminó por imponer un culto aún más feroz al objeto aislado y decretar con igual voracidad pero peor gusto la disolución de la ciudad como tejido y del compromiso del edificio en conformar ese tejido de un modo menos arrogante y más inteligente.

El aparentemente abismal salto del Postmo al DeCon (todo reducido a imagen y moda) no tuvo más trascendencia que la alteración del largo de la falda y, en estos términos, no hay diferencia conceptual profunda entre los cisnes de Graves en Disney y los andamios de Coop Himmelblau saltando desde un ático vienés. Como tampoco entre los fluidos lazos de Zaha, los cáscaras vulgares de Gehry o el minimal vibrador de Nouvel en Barcelona; de aquellas tierras vinieron estos lodos.

Esta discusión, que creo es acaso la más trascendental que puede darse sobre un edificio en cualquier contexto y, sin duda, mucho más cuando tal contexto tiene la mayor importancia urbana y metropolitana, y que se dirige a privilegiar un frugal papel relacionador de lo edificado por sobre el de la pieza espectacular (en todas las acepciones del término), urbanamente devoradora y urbanamente devastadora, más que sencilla pero responsablemente dedicada a con-formar (formar en conjunto) la difícil interrelación entre lo construido y lo no construido, entre masa y espacio, entre fondo y figura, parece haberse pasado por alto en las consideraciones del jurado y en un número importante de los no demasiados comentarios recibidos durante este intento de intercambio.

En uno de mis envíos hice una suerte de “resumen biográfico” de quienes habían intervenido para ayudar a trazar sus posiciones actuales a su formación personal y, quizá, la existencia de escuelas de pensamiento que privilegian ciertas posiciones sobre otras. De mi recuento (que inicié en base a una intuición y fue ganando mayor claridad de la esperada) creo pueden derivarse conclusiones sobre las escuelas de estudio que también podrían (¿deberían?) ser un tema a discutir.

Tampoco esta discusión se desató. Me gustaría pensar que “por ahora…”. Pues aún pienso que sin una profunda reflexión sobre lo que significa intervenir arquitectónicamente tejidos urbanos en formación, en épocas de crisis, cambio y confrontación, toda “ocurrencia” carecerá de sentido profundo y, peor, posiblemente aumente la crisis y la confrontación sin cambiar nada, sino empeorarlo.

(XII) Propiedad, Apropiado y Apropiaciones

Quizá la primera mentira que aprendemos los arquitectos y la que más decididamente repetimos es la de que Vitruvio definió la arquitectura como “Firmitas, Utilitas y Venustas”. Como, desde luego, eso de “Firmitas” nos suena demasiado como a ingeniero, lo de “Utilitas” en exceso simple, solemos quedarnos con la “Venustas”, que ponemos en el altar de lo que sólo nosotros sabemos hacer y del deber establecido por Vitruvio que con más pasión y dedicación nos toca cumplir.

Resulta, sin embargo, que si se lee en el capítulo II del Libro I de los diez de Vitruvio, y a pesar del obvio y demostrado impacto comunicacional de la tríada que nos recitaron y repetimos, seguir diciendo que ella es la definición dada por Vitruvio es como seguir diciendo que a los niños los trae la cigüeña.

En efecto, el histórico romano (que ni siquiera nos consta haya existido o escrito él o solo los tales libros) comienza el Capítulo II, “PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA ARQUITECTURA”, diciendo: “la arquitectura depende del Orden, el Arreglo, la Euritmia, la Simetría, la propiedad y la economía”. A cada uno de los tres primeros principios y al último les dedica un aparte, en todos utilizando términos y definiciones precisas y concisas. Menos clara o directa resulta su explicación de propiedad, a la que le dedica tres extensos apartes en los que no consigue resolver el asunto. Un breve tercer capítulo, titulado “LOS DEPARTAMENTOS DE LA ARQUITECTURA” y constituido por sólo dos apartes, contiene la supuesta definición escrita textualmente del modo que sigue: “Todos ellos (los tres departamentos descritos en el primer aparte) han de construirse con la debida referencia a la durabilidad, la conveniencia y la belleza”, conceptos que define en las pocas líneas que completan el aparte.

No me sorprende que a “don Vitru" le haya resultado arduo definir la propiedad pues, al menos para mí, es ésa la condición más inescapable pero también la más esquiva de nuestro oficio. Hacer cosas sólidas, útiles y bellas no es tan complicado. Difícil es que, siendo todo lo anterior, sean, encima, apropiadas: sean lo que deben ser, hagan lo que deben hacer, vinculen lo que deben vincular, recuperen lo que deban recuperar y descarten lo que deba descartarse, sin temeridades de diva pero también sin temores de impúber. Hacer lo apropiado permite que quien lo utilice (directa, perceptual o simbólicamente) se apropie de la cosa para incorporarla a los eventos significativos de sus experiencias cotidianas. CUALQUIER CONSIDERACIÓN ESTÉTICA ES ANTE TODO UNA POSICIÓN ÉTICA.

Y por eso también política. Apropiado o no, lo construido se apropia del lugar que ocupa y, con su presencia, hace visible la de las fuerzas que lo hacen ser así y estar ahí. Una edificación (la etimología de esta palabra es la misma de la de la palabra ética: ethos) no sólo da forma a la cosa sino a los significados que sustentan esa cosa, con intensidad tal que esas razones re-presentan y representan la apropiación del lugar por una agenda implícita anterior y más allá de lo meramente estético. Por más que el proyectista trate de traspasar sus culpas al cliente, la ordenanza o el presupuesto, toda edificación (de edificios, pero también de palabras, mensajes, apodos, mitos y escuelas de pensamiento) implica una apropiación del territorio físico y simbólico de la sociedad y su(s) ciudad(es) que tiene entre sus principios fundamentales, como bien sabía Vitruvio, la compleja definición de su sentido y propósito, es decir, su propiedad. Sin eso, lo demás sobra. O no cuenta.

La banalidad con la que (a riesgo de equivocarme) percibo fue concebida la propuesta ganadora y desarrolladas las deliberaciones me llevó a escribir estas ya demasiadas líneas, convencido de lo que creo pero también para escuchar otras posiciones. Como las que estimo impostergables para acometer otros debates fundamentales sobre otras apropiaciones inapropiadas, llámense Autoridad Única del Distrito Capital, Edificio de Tribunales o Proyecto Leander, sin permitir ni que nuestros temores nos congelen ni que nuestra desidia nos haga, otra vez, llegar tarde a la historia.

Pero eso será en algún otro debate. Si lo hay. Aquí termina éste. Por mi parte. O por ahora…

EL

Los lectores han dejado 5 comentarios.
5.- SILENCIO POR UNA CAUSA JUSTA
SILENCIO POR UNA CAUSA JUSTA
Peatones sin Barreras.
Enviado por Arq.Iván Enrique León Hernández, 2009-09-23 05:35:33
4.- culpables e inocentes
Estimados profesor.
Lamentablemente en los concursos, los culpables del veredicto no son los participantes sino el jurado que elije a los ganadores...
...es más visible en este tipo de concursos internacionales, que se imponen las propuestas formalistas, sensasionalistas y muchas veces vacías de contenido, en vez de las mas racionales y contextuadas... no en vano se puede ver como últimanente Zaha y sus detranctores aparecen vencedores en tantos concursos, sobre todo en Europa y el Medio y Lejano Oriente...
¿será que somos nosotros los equivocados y que esta es la forma correcta de hacer las cosas? Espero que no, ya que una de las interminables luchas que tuvimos en la universidad fué precisamente la "lucha contrala forma por la forma"... o era que antes era mas sabio que después de haber pasado por la escuela.
saludos
Enviado por Invitado, 2009-09-12 17:27:08
3.- Puntos de convergencia
Si en verdad este espacio es Gremial-Informativo, precisamente éste sería el punto de convergencia natural de este tipo de artículos. Por el contrario la pluralidad de la página considero ha sido un esfuerzo que hemos tratado de mantener desde el principio y hacer de este principio un punto común. En esta "era de la información" considerar cualquier espacio como "no cuestionable" resulta casi imposible. Aún así saludo la necesidad de acordar una agenda, plan común o convergencia de objetivos por el Gremio. Eso es otra cosa.
Atentamente,
Luis Fornez
Enviado por Luis Fornez, 2009-05-29 17:34:27
2.- Comentarios CAF "mal ubicados"
Considero Estimado Arq. Larrañaga que esta pagina tiene un caracter gremial informativo.
Sus comentarios,los cuales en buena medida comparto, deberian esgrimirse en un espacio mas tipo "blog".
Lamentablemente nuestro gremio está constantemente cuestinándose de sus labores sin encontrar en ningún momento los puntos de convergencia en cuanto a nuestra profesion.
Enviado por Invitado, 2009-05-26 16:17:37
1.- Sede CAF. MAL ubicada,
Peatones sin Barreras, nos gustaria que nos invitarán al proximo foro y asi poder demostrar profesionalmete el porque de nuestra TOTAL oposición de ubicar La Sede de La CAF, en los antiguos terrenenos ocupados por El Cine Altamira y nada tenemos que ver con ningun Proyecto en si y la verdad que ahora mas que nunca NO entendendemos el porque de tantas escrituras, argumentos hacia el tema que no dejan de ser valederos e interesantes, lo que si nos preocupa es que no se señala en ninguna parte del texto la preocupación de nosotros Los Peatones sin Barreras, ¿El porque de su ubicación?, ¿Es tan dificil darnos una simple respuesta?. La seguiremos esperando...!.
Nosotros Los Peatones sin Barreras NOS oponemos rotundamente a la construcción de cualquier edificación con tales caracteristicas en estos terrenos alrrededor de La Plaza Francia o antigua Plaza Altamira, antes de que se tomen en cuenta los impactos de todo tipo al futuro CENTRO GEOGRAFICO de LA CARACAS HACIA LA GRAN CARACAS,
Un Peatón Preocupado-Ocupado.
Arq.Iván Enrique León Hernández.
peatones.sin.barreras@gmail.com




Enviado por Invitado, 2009-05-18 12:05:27
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