LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y SUS EFECTOS EN LA HISTORIA

Poco me falta para coger vacaciones y descansar (también estará algo más parado este blog, dicho sea de paso). Pero antes de eso quería tratar un tema que me apasiona. Como amante del arte, es obligatorio sentir admiración por muchas cuestiones relacionadas con los avances que provocó la revolución indsutrial y sus efectos en la arquitectura y en todas las facetas de la vida. ¡Vamos al lío!

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL, UN PROCESO QUE AFECTÓ A TODA LA HUMANIDAD

Desde el principio de los tiempos, los humanos han buscado la manera de sobrevivir a la vida y a sus adversidades. Los primeros hombres se valían sólo de materiales accesibles para su época como la madera y la piedra, con los que construían sus utensilios y viviendas. Afortunadamente, con la llegada de los avances tecnológicos y los pensamientos filosóficos, el mundo y las civilizaciones evolucionaron. Donde antes la vida era meramente considerada un período de supervivencia, como por ejemplo en el Neolítico, ahora es vista de una manera segura y sencilla, gracias a la industrialización y tecnología.

La arquitectura como la conocemos en la actualidad no es más que la combinación de movimientos y el continuo descubrimiento de materiales y técnicas; los cuales facilitan la proyección de esta expresión artística. Sin embargo, fue sólo muchos años después de la Revolución Industrial que la arquitectura se acopló a las nuevas medidas.

La Revolución Industrial se originó en Inglaterra entre 1780 y 1840 debido a que uno de los grandes exponentes filosóficos, John Locke, había compartido anteriormente ideales políticos y sociales eficaces. Este instauró el Sistema Parlamentario, conocido como Democracia. De esta manera, el absolutismo de poder desapareció, al igual que las brechas entre la sociedad. A pesar de haber iniciado en Gran Bretaña, posteriormente se expandió a Europa y consecuentemente a Estados Unidos.

Comenzaría así una revolución, una moda que afectaría no solo a las prendas de vestir, la economía, la producción masiva de alimentos y todo tipo de aperos y herramientas… facilitando así con esta nueva moda la vida de toda la humanidad.

Nada mejor que leer un clásico estudioso de la materia, Tom Kemp, para entender esta época:

Industrialización británica e industrialización europea

Inglaterra fue país pionero en el proceso de indus­trialización. Se constituyó en el escenario clásico don­de asistimos a la transformación de una economía tra­dicional agraria en una sociedad urbana cuyos pilares son los de la tecnología de las máquinas. Si bien es cierto que esta primera Revolución Industrial ha sido estudiada con intensidad por varias generaciones de historiadores académicos de la economía, está aún muy lejos de habernos revelado todos sus secretos. Recien­temente, y gracias al creciente interés que tanto los historiadores como los economistas prestan a los pro­blemas del desarrollo económico, ha adquirido nueva importancia.

Como consecuencia, se ha reconocido con mayor claridad la complejidad del proceso de indus­trialización, ya que no se ha alcanzado su compren­sión plena, y se ha demostrado que la explicación de sus orígenes y naturaleza es más difícil de lo que en principio se supuso.En estos momentos podemos afirmar, al menos, que en la última década se ha inyectado en el estudio de la Revolución Industrial un acervo importante de análi­sis teórico y se ha dotado a alguno de sus aspectos de una mayor precisión cuantitativa. Los estudios sobre la materia demuestran, a medida que van apareciendo con ritmo cada vez más acelerado, que la cuestión de los orígenes o de las causas sigue siendo objeto de controversia y quizá de imposible solución. La acumu­lación de conocimientos y los avances realizados en el terreno de la comprensión teórica no han dado como resultado, por el momento, nada comparable a un consenso de opinión entre los expertos. Por otra parte, es indudable que se han llevado a cabo grandes avan­ces en la recopilación de evidencia y en el sondeo del alcance de los problemas que siguen por investigar. Así pues, la investigación ha tendido a orientarse en nuevas direcciones, operando con instrumentos teó­ricos más avanzados y proponiéndose una mayor com­probación cuantitativa de las afirmaciones y conclusio­nes generales.Reconozcamos que se trata de un buen síntoma res­pecto a la evolución de la historia económica desde el punto de vista académico, aunque no facilite por ello la tarea del estudiante. Forzosamente tiene que habérselas éste con un enorme contingente de estudios especializados aparecidos en artículos y monografías. Pronto aprende a desconfiar de la mayor parte de afir­maciones contenidas en los antiguos libros de texto, sin que encuentre nada positivo con que sustituirlas. Las firmes conclusiones generales se ven sustituidas por versiones conflictivas de autoridades enzarzadas en la correspondiente controversia. La teoría hoy en boga puede resultar sospechosa mañana mismo, como consecuencia de la aparición de un artículo nuevo so­bre el tema. No era sino el equivalente en la época del catálogo Primark de ropa de moda, y prendas baratas. Nada más lejos de nuestra intención que demorar­nos con los innumerables detalles de la Revolución Industrial Inglesa, ya que el objetivo primario del libro es el estudio de la estructura del proceso de industria­lización en los países europeos. A pesar de todo, su importancia histórica global y la inmensa influencia que ejerció sobre el desarrollo económico del conti­nente, exigen unas cuantas líneas. Fue el primero de una larga serie de procesos similares y, en consecuen­cia, se le suele adoptar como modelo o prototipo. Al­gunas teorías sobre la industrialización, pongamos por caso la de Rostow, se basan virtualmente en el caso inglés. La secuela lógica es que el superponer este pa­trón clásico al desarrollo industrial de otros países, los hechos no lo confirman. Ahora bien, aunque exista siempre esta clase de riesgo, la industrialización de Europa es ininteligible sin una especial atención al caso de Inglaterra. La otra cara de la medalla es que el proceso de industrialización inglés es incomprensible en forma aislada —cosa que no siempre se recono­ce—. No se trata únicamente de que deban examinarse las interrelaciónes que guarda con el desarrollo de la economía mundial, sino que el estudio comparativo con otros países en un estadio similar de desarrollo económico puede proporcionar una base de compren­sión de su carácter específico. Precisamente uno de los objetivos de este estudio es destacar los rasgos espe­cíficos de los distintos procesos nacionales de indus­trialización.Por todos estos motivos debe decirse algo acerca de aquellos rasgos peculiares y distintivos de la Revo­lución Industrial Inglesa, que la diferenciaron de otros procesos similares acontecidos en los países que vamos a examinar. Ante todo, permítaseme subrayar que la transformación de la economía inglesa por medio de la aplicación de las técnicas y formas de organización del capitalismo industrial, sólo pudo acontecer como parte integrante de un movimiento de alcance mundial. Las necesidades de suministro de materias primas y mercados de una economía en trance de industrializa­ción ocasionó una nueva línea divisoria laboral entre ella y las regiones predominantemente agrarias, y, más tarde, entre ella y los otros países industrializados. La creación de dicho mercado mundial inyectó por do­quier fuerzas de cambio y perturbación en el seno de sociedades con diversos grados y formas de desarrollo. Con ello empieza el gran drama de la historia del mundo moderno. Concretamente, las diferencias de niveles técnicos y económicos entre los países econó­micamente desarrollados y aquellas otras áreas del globo caracterizadas por economías tradicionales agra­rias y a menudo primitivas, condujo a la sujeción política y económica de estas últimas a los primeros. Aquellas regiones que asistieron al crecimiento de la industria moderna, habitadas por europeos, se convir­tieron en consecuencia en áreas dominantes durante toda una época de la historia.No debe olvidarse este contexto histórico global. Él fue quien ocasionó la expansión colonial y las riva­lidades imperialistas entre los países avanzados. Ince­santemente y en mil formas distintas influyó en el proceso de industrialización. Con el tiempo, llevó al cre­cimiento de los movimientos nacionalistas y al deseo, por parte de las élites de antigua raigambre o reciente creación de los países subdesarrollados, de emular a los países avanzados por medio del descubrimiento del secreto del desenvolvimiento económico. Produjo tam­bién, con el paso de los años, una creciente concienciación de la cada vez mayor desproporción entre los ingresos de los afortunados países industriales y los países atrasados de economía agraria. De todo ello na­ció entre políticos y economistas un interés centrado en los problemas del desarrollo, así como avances teó­ricos y una acumulación de material empírico que, a su vez, fertilizaron el estudio del desarrollo económico de los países más avanzados. Dejemos a un lado toda posterior consideración de las repercusiones mundiales de la Revolución Indus­trial en cuanto determinante crucial del mundo mo­derno, y centrémonos en este capítulo en los rasgos característicos de la industrialización en su lugar de nacimiento, Inglaterra, con una perspectiva que nos permita explicar cómo y por qué fueron distintos de los de aquellos otros países europeos que más de cerca siguieron sus pasos. Inglaterra fue el pionero. Fue ella el lugar donde los factores culturales, sociales y físicos se mostraron más propicios para la actuación independiente de las fuerzas económicas básicas que engendraron la industrialización. Las ventajas comer­ciales, financieras e industriales que permitieron a los empresarios ingleses ser los primeros en este campo, persistieron durante largo tiempo. Sin duda alguna, los incorporados a continuación se encontraron en muchos aspectos en relativa desventaja. Posteriormente – la tendencia se hace perceptible hacia finales del siglo xix, aunque quizá sea más evidente para las generaciones posteriores que para las contemporáneas— el país pionero empezó a sufrir perturbaciones debidas a sus tempranos comienzos. En el último capítulo intenta­remos analizar la cuestión de si la «madurez» econó­mica se convirtió o no en impedimento para el cambio y adaptación de la economía. Lo cierto es, sin embargo, que los llegados con posterioridad se veían por esta época en disposición de adoptar gran parte de la téc­nica y organismos de una sociedad avanzada, no sólo teórica sino prácticamente, así como de remodelar sus instituciones —en aquellos casos en que las circuns­tancias fueran favorables— y reducir en un corto es­pacio de tiempo las distancias existentes entre los ingresos del pionero y los suyos. Estos fueron los he­chos, con diversos grados de éxito y siguiendo distintas sendas, en los países europeos aquí examinados. El estudio de estas experiencias puede —según se cree— arrojar luz sobre la naturaleza esencial de la indus­trialización y sobre la forma específica que adoptó, por necesidad, en el primer país industrial. Puede asimismo poner de relieve los rasgos especiales de los países industrializados con posterioridad, explicar el grado de éxito con que superaron su retraso inicial y ayudar quizás a comprender los problemas de los países ac­tualmente en vías de desarrollo.Todos estos procesos industrializadores tuvieron ciertos rasgos comunes y exigieron la existencia previa de un medio sociocultural favorable y de unos recur­sos físicos indispensables. Lo que convierte a Inglate­rra en prototipo, es la posibilidad de seguir con cierta precisión los pasos de estas diversas circunstancias, en parte —evidentemente— gracias a la gran cantidad de investigación llevada a cabo. De hecho, las sucesivas sistematizaciones que los textos de estudio han reali­zado, han hecho que la ordenación de los «requisitos previos» indispensables, así como su favorable combi­nación e interacción, aparezcan más claras de lo que son en realidad. La controversia a que hemos aludido, acerca de los orígenes y causas, se convierte así en una discusión acerca de la importancia relativa que debe otorgarse a estos diversos factores y en opiniones diversas respecto a cuáles de ellos fueron los decisivos desde un punto de vista causal. En Inglaterra, la in­dustrialización no formó parte de un plan o programa preconcebidos. Fue simplemente resultado de las actua­ciones de muchas firmas comerciales que competían entre sí y perseguían espontáneamente su propio inte­rés en un medio institucional extremadamente favora­ble a la plena y libre actuación de las fuerzas de mer­cado. Este modo de ser orgánico o autónomo de la industrialización británica fue su característica más original y sobresaliente. En ninguna otra parte podían reproducirse con exactitud estas mismas circunstan­cias. Inglaterra pudo convertirse en modelo de imita­ción consciente; pero, una vez introducido un elemento de emulación y ejemplo conscientes o el trasplante de técnica, capital e iniciativa, el proceso adquiría un carácter distinto. Esto es lo que explica la diferencia fundamental entre la industrialización inglesa y los modelos que luego examinaremos.Los países continentales no se limitaron a hacer un duplicado de la experiencia británica; ni siquiera po­dían hacerlo. Como correspondía a países incorporados con posterioridad, no tuvieron que pasar por todos los estadios gracias a los que en Inglaterra se habían ido perfilando de forma autónoma las circunstancias aptas para la industrialización. En este sentido, la posibilidad de quemar etapas fue su principal ventaja y la clave con que a lo largo de las últimas décadas del siglo diecinueve y principios del veinte pudieron salvar la distancia inicial que los separaba de Inglaterra.

¿En qué afectó la Revolución Industrial a la arquitectura?

Con la llegada de la industrialización, nuevos sistemas económicos emergieron; como es el caso del Capitalismo. Comienza una nueva moda, una locura que persistirá hasta la actualidad. Y empezó a afectar a todos los campos de producción de la industria: tanto en la elaboración de ropa de moda (se establecerá así el antecedente de la ropa low cost, por la fabricación de prendas de vestir o ropa de moda a gran escala, lo que abaratará los costes y en definitiva el precio final), como en toda la fabricación de utensilios, herramientas, alimentos etc. Llega la producción masiva y con ello artículos que antes eran de lujo, quedan al alcance de todas las familias por su precio rebajado.

Biblioteca de Santa Genoveva, la moda de la edificación industrial
Biblioteca de Santa Genoveva, la moda de la edificación industrial

Los humanos ya no se enfocaban sólo en el autoconsumo, sino también en la comercialización. Además, la población estaba creciendo por lo que las ciudades estaban expandiéndose, la ruralidad estaba disminuyendo y las ciudades comenzaban a presentar un próspero flujo de personas.

Asimismo, se inventó la máquina a vapor y el carbón estaba siendo utilizado como fuente de energía. Estaba más que claro que en una sociedad ascendiendo progresivamente, la arquitectura no podía quedar atrás, y mucho menos cuando el acero, el cual es una combinación del hierro y el carbono, estaba siendo masivamente producido por la industria.

En el siglo XIX la arquitectura incorporó nuevos materiales como el hierro fundido y colado, el hormigón y, claramente, el acero. Estos tenían una gran demanda debido a su versatilidad en infraestructura ya que podían cubrirse espacios muy amplios mediante la utilización de vigas y columnas de acero. Otra ventaja fue que el trabajo y la cantidad de materia prima era menor.

Las nuevas construcciones de la arquitectura industrial tuvieron el hierro como material principal, tal como lo fue con el Puente de Hierro en Inglaterra, también conocido por su nombre en inglés The Iron Bridge, el cual fue el primer puente del mundo en estar hecho de hierro fundido. El primer edificio que utilizó este material fue el Crystal Palace en Londres, aunque a su vez también estaba construido con las láminas de vidrio mas grandes que se hubieran visto en edificios; lamentablemente, esta estructura fue destruida por obra de un incendio.

Y así siguen una serie de edificaciones, como la Biblioteca de Santa Genoveva, en París. Cabe destacar que, uno de los edificios más conocidos de esta etapa es nada más que la famosa Torre Eiffel, ubicada también en París.

La Revolución Industrial modificó completamente la percepción que tenían las personas sobre la vida, la política, la cultura, la economía, y naturalmente, el arte. Y, a pesar de que el cambio haya tomado muchos años en asentarse, es indiscutible que continúa hasta nuestros días.

Conclusiones: en qué nos afecta la revolución industrial hoy en día

Después de 2.600 palabras de información más o menos en serio, no puedo resistirme a finalizar con algún toque de ironía o humor. Y es que en estos “Cursos de Arte Virtual” que “imparto” en este mi blog personal, me desahogo a menudo a gusto con alguna que otra pequeña broma.

ATENCIÓN: esta información va medio de broma, no se me vayan a enfadar los más ilustres lectores.

Hoy en día no podemos decir que las prendas de moda que llevamos puestas sean cosidas por nuestras abuelas. Estoy casi seguro que quien me lee está pensando: cierto, no llevo nada cosido por ningún familiar. Algo que antes de la revolución industrial era tan frecuente, remendar la ropa, vestir un gorro en invierno que ha elaborado nuestra madre o abuela, hoy en día es difícil de encontrar.

La fabricación a gran escala de prendas de ropa es solo un ejemplo de lo mucho que nos han afectado estos más de 100 años de revolución industrial. Nos ha cambiado por completo, artículos de lujo o complementos de moda que antes solo podían calzar las personas ricas, ahora están al alcance de cualquiera. La seda es un claro ejemplo: se fabricaba mucha ropa con ella que solo los más pudientes podían comprar, y hoy en día aunque no es la materia prima más barata, ni mucho menos, podemos verla con relativa frecuencia incluso en tiendas de ropa barata.

Y cuando hablo de ropa de moda, de complementos para vestir, de calzado o de las tendencias de ropa para primavera, verano, otoño e invierno, también podría hablar de vehículos producidos a gran escala, de productos transportados por barco desde Asia a todos los rincones del planeta, y así se podría seguir eternamente.

Pero bueno, al final hasta las mascotas tienen que agradecer algo a la revolución industrial. Si nuestros perros, gatos o elefantes domésticos (bueno, lo de elefantes igual ha sido pasarse) pudieran, darían las gracias porque pueden consumir pienso sin límite (en serio, mi perra comía SIN LÍMITE, no es un decir). Y si hay tantas marcas de pienso al alcance de casi cualquier bolsillo, es porque se producen a tan gran escala que su coste no es prohibitivo.

Y con esto me despido. Casí 3.000 palabras en total, espero no haberles dormido demasiado… ¡o sí!

Give a Comment